La sinodalidad como profecía social

Consulta el artículo de opinión de Santi Torres, profesor del ISCREB, sobre la sinodalidad

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El Documento Final (DF) del Sínodo de la sinodalidad está impregnado desde sus primeras líneas por una dimensión profética que invita a una visión no ensimismada de la Iglesia. Ya en el nº 2 el DF afirma: «Fijar la mirada en el Señor no nos aparta del drama de la historia, sino que abre nuestros ojos para reconocer el sufrimiento que nos rodea y nos penetra». Resulta, por tanto, un error reducir la sinodalidad «a una estrategia o una herramienta para una mayor eficiencia organizativa» (n. 50), sino que debe aspirar a ser una nueva manera de hacer o, en otras palabras,  «una predisposición espiritual que impregna la vida cotidiana de los bautizados y todos los aspectos de la misión de la Iglesia» (n. 43).

Esta dimensión profética, que el DF citando a Lumen Gentium fundamenta en el Bautismo, resulta crucial para entender el significado real de la sinodalidad, y para evitar implementaciones que la limiten al ámbito puramente organizativo. Exhorta el texto a una toma de conciencia por parte de la comunidad del papel real y posible que la Iglesia debe tener hoy en una «época  marcada por el aumento de las desigualdades, la creciente desilusión con los modelos tradicionales de gobierno, el desencanto con el funcionamiento de la democracia, las crecientes tendencias autocráticas y dictatoriales, el dominio del modelo de mercado sin tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas y la creación, y la tentación de resolver los conflictos por la fuerza en lugar del diálogo» (n. 47)

Ante todo ello la Iglesia, desde la humildad (n. 47), debe proponer no solo un relato sino una práctica realmente profética que contraste aquellos elementos que la cultura y el pensamiento dominantes consideran como el único modelo de vida posible. Ante un individualismo extremo que aísla, o un comunitarismo que asfixia, la llamada «a un cuidado recíproco, a la interdependencia y a la corresponsabilidad por el bien común» (n. 48). Ante un mundo que concentra el poder en unos pocos y que margina a la mayoría, «la disponibilidad para escuchar a todos, especialmente a los pobres». Ante una herida mortal que resquebraja la casa común y nos desvincula de la naturaleza, la propuesta de la ecología integral que insiste en la necesidad de cuidar los vínculos…

Interpretar la propuesta de la sinodalidad desde la clave de la profecía social evita una interpretación ensimismada que se centre solamente en dirimir cuestiones organizativas y de poder en el interior de la Iglesia. No digo que eso no sea necesario, y a ello dedica el DF citas relevantes, sino que es bueno percibir que la propuesta sinodalidad nos abre también a una manera de relacionarnos con el mundo. “La Iglesia existe para testimoniar al mundo el acontecimiento decisivo: la Resurrección de Jesús” (n. 14) y ese testimonio es profético en cuanto conduce (desde el Resucitado) a un compromiso con la justicia y la reconciliación. La toma de conciencia de este carácter profético dentro de la misión de la Iglesia universal, de cada iglesia particular, de cada comunidad y de cada cristiano, es vital para que la sinodalidad sea realmente desplegada en todo su potencial.

En un momento de crisis de época y también de crisis de la Iglesia, el DF nos llama precisamente a tomar conciencia (desde la humildad) del enorme potencial profético que tiene nuestra fe personal y comunitaria, por gastada, desorientada o envejecida que sea. Aquello que a veces nos parece más pequeño o insignificante adquiere hoy un valor excepcional cuando se pone en juego en la vida diaria allá donde estemos. «La amistad, la oración, el compromiso al servicio de los pobres y el cuidado de la casa común» (n. 23), son elementos presentes en nuestra tradición que renovados bajo la propuesta de la sinodalidad pueden adquirir la condición de subversivos, revolucionarios… proféticos. Esta es una de las llamadas del Sínodo y dependerá de todos y todas su implementación.

Lic. Santi Torres

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