Cuando Jesús proclama bienaventurados a los constructores de la paz, no se refiere únicamente a quienes ponen fin a los conflictos. Los Padres de la Iglesia nos recuerdan que la paz auténtica nace primero en el corazón reconciliado con Dios y que solo desde esta experiencia se puede llegar a ser sembrador de comunión.
Bienaventurados los constructores de la paz (Mt 5, 9)
Los Padres nos hablan de dos tipos de paz.
- Para algunos, la paz es, sobre todo, la ausencia de odio; proviene no tanto de detener toda actividad como de poner fin a la guerra, a los conflictos, al odio que nos enfrenta unos contra otros o contra los demás.
- En otra acepción, que es la de san Agustín y la de otros Padres, los dos términos, paz y descanso, pueden emplearse casi como sinónimos: descanso y paz corresponden a una misma realidad.
Sin embargo, los Padres de la Iglesia, al comentar las Bienaventuranzas, repiten unánimemente que los constructores de la paz deben buscar primero la paz dentro de sí mismos. Gregorio de Nisa, en su Comentario a las Bienaventuranzas, dice: «Nadie puede dar paz a otro si no la tiene en sí mismo». San Ambrosio, que bebe de las obras de los Padres griegos, afirma en su Comentario al Evangelio de san Lucas: «¡Comienza la paz por ti mismo! Cuando te hayas hecho pacífico, llevarás la paz a los demás». San Jerónimo declara que la bienaventuranza se refiere «a aquellos que, ante todo, hacen la paz en su corazón». Y añade: «¿De qué te sirve poner paz entre otros, si en tu corazón los vicios hacen la guerra?». En su Regla breve, Basilio el Grande dice: «La paz es, en primer lugar, la paz con Dios, que nace de la conversión y de acoger su perdón». Después, el constructor de la paz «colabora con el Señor» suplicando a los hermanos: «Reconciliaos con Dios». Gregorio de Nisa, también en el Comentario a las Bienaventuranzas citado anteriormente, dice que, siguiendo el precepto del Señor, primero hay que «desterrar el odio, hacer cesar la guerra… cancelar el rencor que roe el corazón». Un texto atribuido a Juan Crisóstomo pone en guardia frente a la hipocresía de trabajar por la paz sin saber perdonar a quien te ha hecho daño: «También aman la paz quienes olvidan los males sufridos. Son muchos los que se esfuerzan por reconciliar a los enemigos de otros, pero nunca se reconcilian en su corazón con sus propios enemigos. Así ofenden a la paz, no la aman».
La paz no está presente cuando los cristianos viven divididos: «Los cristianos provocan un gran escándalo cuando no viven en la unidad y en la paz amada por el Señor, sino divididos». Lo recuerda con palabras firmes Basilio en su Carta 114, al constatar que «la iniquidad se ha multiplicado a causa del enfriamiento de la caridad» y que «las iglesias se han dividido en tantas partes y de tantas maneras». «No hay nada tan propio del cristiano como trabajar por la paz; y por ello el Señor nos ha prometido una inmensa recompensa».
En la continuación de este artículo presentaré la voz de los Padres en sus propias palabras.