Este es el lema de este año del Apostolado del Mar para la festividad de la Virgen del Carmen, que nos invita a ser una barca abierta y acogedora. Pedirle esto a la Virgen significa comprometernos a construir una auténtica cultura del encuentro, tan presente en el magisterio del Papa León XIV. Una barca abierta no excluye ni levanta barreras; al contrario: acoge, escucha, acompaña y comparte.
El mar ha sido siempre un espacio de unión entre pueblos y culturas. Además, es la vía de transporte para el 90% de las mercancías que consumimos y una fuente vital de alimentación gracias a la pesca. Son los marineros y pescadores quienes lo hacen posible, pasando largas temporadas fuera de casa y asumiendo constantes riesgos.
En estos momentos no podemos olvidar que, según informa la Organización Marítima Internacional, 20.000 marinos han quedado retenidos en el Estrecho de Ormuz por la guerra y 11 han muerto. Estas personas se han visto involucradas en un conflicto ajeno al desempeño de su profesión, viviendo bajo la incertidumbre, el miedo y el anhelo de mantener contacto con sus familias.
En esta fiesta de la Virgen del Carmen, tengámoslos presentes en nuestra oración, así como a los demás trabajadores del mar. Recordemos con gratitud todo lo que aportan a nuestra sociedad y, cuando nos acerquemos al puerto y veamos los barcos, pensemos en ellos.