La sinodalidad, una dimensión constitutiva de la iglesia en misión

Lee el artículo de opinión del profesor del ISCREB, Ezequiel Mir, sobre la sinodalidad

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Foto: Pixabay

La sinodalidad ha emergido en la eclesiología contemporánea no como una simple estrategia pastoral, sino como una dimensión constitutiva de la Iglesia, expresión viva de su identidad como Pueblo de Dios en camino. Derivada del término griego synodos (“caminar juntos”), remite a la antigua práctica eclesial de reunirse para dialogar, discernir y decidir bajo la guía del Espíritu Santo.

A lo largo de la historia, el “sínodo” ha asumido diversas formas en las Iglesias de Oriente y Occidente, pero todas comparten una misma finalidad: buscar juntos la voluntad de Dios. En este sentido, la sinodalidad expresa el modo propio de ser Iglesia, una comunidad que, reunida por Cristo y guiada por el Espíritu, camina unida hacia el Reino de Dios.

“La sinodalidad es el caminar juntos de los cristianos con Cristo y hacia el Reino de Dios, en unión con toda la humanidad. Orientada a la misión, implica la          reunión en asamblea, la escucha recíproca, el diálogo, el discernimiento      comunitario, el consenso como signo de la presencia del Espíritu, y la toma de             decisiones en corresponsabilidad diferenciada”.

En términos sencillos, la sinodalidad constituye un camino de renovación espiritual y reforma estructural, que busca hacer de la Iglesia una comunidad más participativa, corresponsable y misionera, capaz de acompañar a toda persona e irradiar la luz de Cristo.

Las tres dimensiones de la sinodalidad

La sinodalidad se comprende mejor como un modus vivendi et operandi, un estilo de vida y de acción que integra tres dimensiones complementarias.

  1. Estilo de vida y misión.

Es el modo ordinario de vivir y actuar de la Iglesia. El Pueblo de Dios, convocado por el Señor en la fuerza del Espíritu, camina unido anunciando el Evangelio mediante la escucha comunitaria de la Palabra, la celebración eucarística, la fraternidad en la comunión y la participación activa de todos los bautizados, en la diversidad de ministerios y carismas, al servicio de la vida y de la misión eclesial.

  1. Estructuras y procesos institucionales.

La sinodalidad se expresa también en estructuras y procesos eclesiales que encarnan su naturaleza en los niveles local, regional y universal. Estas instancias están al servicio del discernimiento autorizado de la Iglesia, ayudándola a identificar, en la escucha del Espíritu Santo, las rutas que debe seguir para responder fielmente al Evangelio.

  1. Eventos sinodales.

Finalmente, la sinodalidad se concreta en acontecimientos específicos —sínodos, concilios, asambleas— convocados por la autoridad competente. En ellos, todo el Pueblo de Dios participa, bajo la presidencia de los obispos en comunión con el Papa, para discernir el camino, orientar la misión y tomar decisiones pastorales al servicio de la evangelización.

Comunión, misión y autoridad

En la eclesiología conciliar del Pueblo de Dios, la comunión (communio) expresa la sustancia profunda del misterio y de la misión de la Iglesia: la unión con la Trinidad y la unidad entre los hombres realizada en Cristo por el Espíritu. En este contexto, la sinodalidad manifiesta y realiza concretamente la comunión, al hacer visible el «caminar juntos» en la misión compartida.

La sinodalidad no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Evangelizar constituye la vocación y gracia propia de la Iglesia, su identidad más profunda (cf. Evangelii Nuntiandi 14). Al valorar todos los carismas y ministerios, la sinodalidad permite al Pueblo de Dios anunciar y testimoniar con autenticidad el Evangelio, haciéndose signo visible de fraternidad y unidad en Cristo. Así, misión y sinodalidad son inseparables: la misión ilumina la sinodalidad y la sinodalidad dinamiza la misión.

La sinodalidad también ofrece un horizonte renovado para comprender el ministerio jerárquico. La autoridad de los pastores es un don del Espíritu de Cristo Cabeza, destinado a la edificación del Cuerpo eclesial. Vinculada al sacramento del Orden, esta autoridad se ejerce como servicio, para custodiar la fidelidad apostólica del anuncio y promover la comunión a todos los niveles. En palabras del papa Francisco, «la sinodalidad ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprender el propio ministerio jerárquico» (17 de octubre de 2015).

María, icono de la Iglesia sinodal

En la Virgen María, Madre de Cristo, de la Iglesia y de la humanidad, resplandece la imagen de una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa. Ella encarna a la Iglesia que escucha, ora, discierne, acompaña y actúa. De María aprendemos la obediencia a la Palabra, la atención a las necesidades de los pobres y la valentía de ponerse en camino. Como enseñaba san Pablo VI, “la acción de la Iglesia en el mundo es una prolongación de la solicitud de María” (Marialis cultus, 28).

Conclusión

La sinodalidad, al integrar espiritualidad, comunión, estructuras y misión, revela el rostro de una Iglesia que camina unida bajo la guía del Espíritu, signo visible de unidad y fraternidad en medio del mundo. Es el estilo eclesial del tercer milenio, que invita a todo el Pueblo de Dios a caminar juntos, discernir juntos y servir juntos, para que la Iglesia sea cada vez más fiel a su Señor y más cercana a la humanidad.

Ezequiel Mir

Lic. Ezequiel Mir

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