‘Spes non confundit’

  Que la esperanza no defrauda es también una realidad para los más vulnerables, entre los que no pocas veces están los de mayor edad de nuestras civilizaciones, a menudo aparcados del mundo de la presencialidad aparente, de la modernidad malentendida y de las vidas exitosas que la juventud busca con ahínco en las redes […]

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Que la esperanza no defrauda es también una realidad para los más vulnerables, entre los que no pocas veces están los de mayor edad de nuestras civilizaciones, a menudo aparcados del mundo de la presencialidad aparente, de la modernidad malentendida y de las vidas exitosas que la juventud busca con ahínco en las redes sociales y el pensamiento consumista de occidente. El número de personas de edad, por motivos de la misma expresión demográfica de los tiempos presentes, se ha multiplicado. Ciertamente, los mayores se convertirán en un pilar fundamental de la sociedad a venir; ellos que han dado lo mejor que tenían en sus manos, que nos han proyectado el anhelo por la libertad y la paz, lograda no sin dificultad y con sufrimientos personales. Son los que han visto prolongar su esperanza de vida a base de ciencia y de avance tecnológico, pero que se esfuerzan por una mejor calidad del vivir, por un vivir con mejor sentido.

Esta generación que encabezará las estadísticas poblacionales ha vivido su fe de forma esperanzada, ha construido este presente a base de amor y convicción. Lo ha hecho decididamente, con los valores del trabajo bien hecho, del esfuerzo cotidiano y de la sencillez de quienes se han construido desde el interior. Esta generación de mayores siguen inspirando la fe, han sido capaces de la mejor de las espiritualidades interiores, de sus oraciones caseras, de su ritualidad silenciosa, compartida en el rellano y en las plazas. Nos han ofrecido una trascendencia que ha bebido de la fe, la esperanza y la caridad fraterna. Y de estas virtudes, que repetidamente nos llevan a Dios, la esperanza, su esperanza inquebrantable es la semilla fundamental.

Esta esperanza de un mundo mejor, de la Paz que nos tiene que venir, que han hecho y hacen visible a través de sus vidas, de las experiencias que siguen fortaleciendo nuestro constructo social y personal, es una esperanza que como dice Sant Pablo no defrauda, ​​que nunca puede decepcionar, intangible como es, y valiosa. Los mayores han ido arraigando la fe adentro y el amor afuera a partir de esa chispa que les ha mantenido firmes. Se han construido sobre el mundo del siglo XX, empapado de secularismo escéptico, de datos entristecedores y de hechos incomprensibles. Unos tiempos, los actuales, que piden la consistencia espiritual suficiente para mantener la cabeza alta y el corazón bien afianzado ante el ruido y la superficialidad del entorno al que nos conduce el presente que nos rodea.

Para esos nuestros mayores, ¡la esperanza es más apreciada todavía! La percepción meditada y el sentimiento por el mundo que contemplan, en el contexto de los tiempos que les queda por vivir, no es la misma que la que viven las nuevas generaciones que sueñan allá. Ellos ven con cierta inquietud y dolor que el ser humano pierde repetidamente las oportunidades de transformación del Reino que la humanidad anhela. Al acercarse los últimos tiempos, parecería que queda menos de todo para nada…. Es entonces cuando mantener la esperanza viva, la que nunca defrauda, ​​la del último día, la esperanza en Él sólo, es más admirable todavía. Entonces, esta esperanza que hace posible vivir la fe y seguir ofreciendo el Amor, se convierte en una grandeza aún mayor.

Sí, los mayores han sido y siguen siendo referentes en esperanza, auténticos testigos de gratuidad y generosidad. La viven en esas sonrisas que esconden miedos y algunas soledades. En un contexto de grandes incertidumbres, de máxima ambigüedad y complejidad en todo, de creciente velocidad, necesitamos atender, poner atención, a estas preciosas almas llenas de sabiduría y esperanza. Precisamente porque su esperanza, que no tiene calendario, nos es una dulce luz y un suave calor, humilde reflejo de la transformación interior que hace posible la venida del Reino aquí y ahora. La suya es realmente una esperanza que no nos defrauda.

Dr. Jaume Duran Navarro

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