Espiritualidad sinodal, un reto para todos

Lee el artículo de opinión del licenciado Lluís Agustí i Parrot

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A lo largo de la historia de la Iglesia son numerosos los movimientos y escuelas de espiritualidad fruto de una lectura de la realidad en clave de fe y de la percepción atenta del soplo del Espíritu Santo. En el marco del mundo actual, el Sínodo nos ha dejado un legado espiritual fruto del diálogo sinodal y de la escucha del Espíritu: ¿qué dice a la Iglesia de hoy el Espíritu de Jesús?

Siempre la Iglesia ha cultivado la espiritualidad, pero parecía que estaba reservada a los clérigos y a los religiosos/as… ¿Y los laicos? En el documento sinodal se hace extensiva a todos.

De la lectura de los documentos sinodales emanan unos rasgos de espiritualidad sinodal que indican un camino a seguir para las comunidades cristianas de hoy y que son un estímulo para vivir el compromiso cristiano con sentido y profundidad en medio de la realidad social que nos toca vivir. Espiritualidad y acción son signos de una Iglesia nueva.

En esta reflexión intentaremos señalar algunos de los indicadores de una espiritualidad sinodal.

Cada nuevo paso en la vida de la Iglesia es un retorno a la fuente. El capítulo 20-21 del Evangelio de Juan es el marco donde se sitúa el documento sinodal. La fuente es el Cristo Resucitado. La Iglesia nace de la Pascua. Aquí encontramos un primer indicador: la espiritualidad sinodal tiene como centro a Jesucristo, muerto y resucitado. Es una espiritualidad pascual. La Pascua de Jesús marca el camino del cristiano y de la Iglesia.

La espiritualidad sinodal surge de la acción del Espíritu.

El segundo indicador es LA CONVERSIÓN. Es el corazón de la espiritualidad sinodal. Nace del encuentro con Cristo resucitado, luz para todos los pueblos (LG 1). Es una palabra muy repetida, pero los cambios en la vida e historia de la Iglesia vienen de volver la mirada hacia Cristo, Señor de la historia y del corazón de cada cristiano. La conversión, guiada por el Espíritu, nos lleva al acto de fe: “SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO”, como el apóstol Tomás, María Magdalena, la mujer del perfume…

Otro indicador que podemos señalar es la actitud de ESCUCHA. En un mundo en el que tenemos un déficit de escucha. Casi todos vamos a lo nuestro y nos resulta difícil detenernos, no tenemos tiempo para escucharnos y dialogar, para escucharnos a nosotros mismos, para dedicar unos momentos al otro y para encontrar un tiempo para Dios. La pregunta es: si no me escucho a mí mismo y a los demás, ¿cómo puedo escuchar a Dios? Y Dios habla a través de múltiples señales: la Palabra de Dios, los acontecimientos cotidianos, las tendencias mundiales… ¿Qué nos está diciendo Dios en la realidad global de hoy? La espiritualidad sinodal requiere la Escucha de la Palabra, la contemplación, el silencio, la naturaleza.

Este camino de conversión y escucha no lo hacemos solos. La experiencia de la comunidad es indispensable para el crecimiento de la fe. En la barca, juntos. Si cada uno tira de la cuerda de los extremos en dirección contraria, puede suceder que se rompa o arrastremos al otro de manera violenta. Por tanto, aquí más que nunca se necesita el diálogo humilde, creando vínculos de unidad y respetando la diversidad. Ser constructores de puentes y no dinamitar los que ya existen. Tal vez también convendría generar sinergias entre instituciones religiosas para no entrar en una dinámica de competencia. Y, por supuesto, favorecer el trabajo en red, compartir proyectos e incluso realizarlos conjuntamente. La Iglesia se construye en comunión. Favorecer proyectos de fraternidad y el trabajo pastoral cooperativo es esencial. No hace falta decir que debemos cuidar las relaciones en todos los niveles. Las parroquias y comunidades cristianas tienen un papel esencial.

Otro aspecto esencial es el discernimiento, tanto a nivel personal como comunitario y eclesial. El discernimiento es una práctica espiritual que hay que vivir con fe. No es tanto una técnica como una actitud interior. Se trata de ser fiel a la voluntad de Dios. ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Qué quiere Dios de mi comunidad? ¿Cuál es el pensamiento de Dios para la Iglesia de hoy?

Otra dimensión clave es la llamada a ser profetas de buenas noticias. Somos enviados por el Señor. Y este envío es profético. Hay que ser un testigo transparente y coherente del Evangelio de Jesús.

Seguramente podríamos destacar más aspectos porque el Sínodo es muy sugerente si lo leemos con los ojos de la fe. A mi parecer, estos me parecen significativos.

¿Cómo hacer realidad esta propuesta sinodal? Sin duda necesitamos formación. Puede que no tanto conceptual, que también, sino más actitudinal.

Que el buen Dios y María nos ayuden.

Lic. Lluís Agustí i Parrot

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