Conozco un misionero entrado en años que me contaba cómo había surgido la chispa de su vocación. Era una tarde de primavera. Acababa de leer un TBO, y al llegar a la última página se encontró con el testimonio sencillo, gozoso y cercano de un misionero. Era una historia como los comics de los años sesenta. En aquella historia, me contaba emocionado, “vi”, de manera luminosa, reflejado todo el horizonte de mi vida, el rumbo y el camino que quería seguir: “¡yo sería también misionero!”. Algo parecido a lo que le sucedió a Isaías y contestó: “Aquí estoy, envíame” (Is 6,1-11).
Me ha venido este recuerdo al navegar por el Documento Final del Sínodo (2021-2024), intentando buscar la raíz, el origen del papa que ha puesto a la Iglesia en pie de salida, en clima de sinodalidad y en encrucijada de participación y misión: Francisco.
Descifrar el “secreto” de la vida de Francisco
Si queremos entender el carisma, estilo, talante y legado del Papa Francisco, en una palabra, “el secreto de su ministerio petrino”, tenemos que ir a “lo alto de la montaña” de donde brota el río que alimenta toda su existencia. Todas sus palabras, gestos, iniciativas, propuestas, mensajes tienen una “fuente” a la que el mismo Francisco ha hecho, de paso y en momentos precisos y preciosos, alguna referencia, pero siempre de manera velada y como si no fuera con él.
Relatamos dicha experiencia que cambió su vida y le dio un rumbo definitivo hacia la misión, sueño al que quiso consagrar toda su vida, aunque tal no se realizaría hasta décadas más tarde, pues su salud, le dijeron entonces, era frágil para ir a Japón.
Como si no fuera con él
El vuelco radical, del que estamos hablando, le sorprende a los dieciocho años. Dios le sale al cruce en septiembre de 1954. “Estaba haciendo el colegio industrial, estudiaba química, y un 21 de septiembre – de eso me acuerdo siempre porque salía para pasear con mis compañeros, pasé por la iglesia de Flores. Yo asistía a esa iglesia. Y ahí nomás entré. Sentí que tenía que entrar. Esas cosas que vos sentís adentro. Que no sabes cómo son. Y miré. Estaba oscurito esa mañana de septiembre. Y vi que venía un cura caminando. No lo conocía. Se sentó en el último confesonario. Y ahí yo no sé qué me pasó…” “Sentí como que alguien me agarraba desde dentro y me llevaba al confesonario. No sé lo que pasó ahí. Evidentemente le conté mis cosas, me confesé. Pero no sé lo que pasó. Y cuando terminé de confesarme, le pregunté al padre de dónde era”, rememoró Bergoglio. “El sacerdote tenía un cáncer, una leucemia. Murió al año siguiente. Ahí sentí que tenía que ser cura. No lo dudé, no lo dudé”, aseguró. Así lo evoca Evangelina Himitian (1) en su libro “Francisco. El papa de la gente”.
La alegría del Evangelio
He evocado este comienzo-origen de la vocación-misión de Bergoglio para entender la rica personalidad del papa Francisco, de sus palabras, gestos, rumbo y el modo de realizar el ministerio como obispo de Roma. Así lo dijo al instante de su elección y lo fue marcando paso a paso en los años de su pontificado. Desde su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) que tiene “sentido programático” (EG 25-26) hasta la convocación del último Sínodo 2021-2024: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión. Doc. Final 2024. Como dice Francisco de Aquino (2).
Júnior en su artículo: “La insistencia en el carácter sinodal de la Iglesia y el esfuerzo por desencadenar procesos de sinodalidad que favorezcan el desarrollo de una mentalidad y de estructuras y espacios de comunión verdadera, participación y corresponsabilidad misionera es una de las características más destacadas del ministerio pastoral de Francisco”.
Iglesia sinodal en salida
Sínodo es caminar juntos. La Iglesia sinodal, todo el pueblo fiel de Dios, como le gusta repetir a Francisco haciendo referencia a la Constitución Lumen Gentium (LG; cf. EG 17) en salida con rumbo y pasión por el Reino de Dios, donde los pequeños, especialmente, y a partir de ellos, todos, todos, todos, encuentran su casa y la alegría de vivir el Evangelio en comunión, participación y misión. Los relatos de la resurrección (Jn 20-21) fundamentan y dinamizan todo el itinerario sinodal con acento relevante en el escuchar (3) de modo permanente “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2,7). Así lo subraya el Documento Final.
Las personas que han encontrado al Señor Resucitado no pueden contener la alegría dentro de sí y son impulsadas por el Espíritu a anunciar el Evangelio de la Paz y a interpelar a toda la Iglesia para ser realmente sinodal, en salida, hacia las periferias del mundo, pues, por experiencia sabe que no puede guardar “para sí”, el vino de reserva, sino compartirlo en el banquete con todos los pueblos (Is 35,6-8).
Sin plantearme dudas, impulsado por el Espíritu
Quienes han hecho la experiencia junto al lago con el Señor resucitado, que, han comido y bebido con él son, – y como ellos también todos nosotros-, somos pueblo fiel de Dios, lo transmitimos, lo contagiamos, lo anunciamos con “parresia” para que todos los pueblos en su gama infinita de culturas y rostros sientan esa invitación calurosa y atractiva, en la medida que, como Pedro, movido y “agarrado por las solapas” por el Espíritu de Jesús que tres veces tuvo que “convocarlo y convertirlo para enviarlo” a la casa de Cornelio (Hch 10,1-11,18) y allí descubrió un camino nuevo, inédito y que ponía en pie de misión a toda la Iglesia, comenzando con la iglesia madre de Jerusalén, no sin antes, recibir -valga y séame permitida la expresión popular, “recibir un buen estirón de orejas” porque se había atrevido “a entrar en casa de incircuncisos y comer con ellos” (Hch 11,3). Y Pedro rememora todo aquel acontecimiento (Hch 10,1-48) y cómo le habían acompañado en todo el proceso seis hermanos: “El Espíritu me dijo que fuera con ellos, con los mensajeros de Cornelio, sin plantearme dudas” (Hch 11,11-12.; cf. 1,8). Aquí se nos ofrece una clave esencial para vivenciar, salir al paso del que nos viene a buscar, acompañándolo hasta su casa y anunciar como testigos el Evangelio del Reino, como Jesús.
1 Evangelina HIMITIAN, Francisco. El papa de la gente, Santillana Ediciones, Madrid 2013, 32-33. en su libro sobre “Francisco. El papa de la gente”.
2 Francisco DE AQUINO JUNIOR, Francisco y la sinodalidad, en Cuestiones Teológicas, 50(113), 1-17).
3 Elisa ESTÉVEZ LÓPEZ–Nurya MARTÍNEZ GAYOL-FERNANDEZ, “Escuchar, dialogar y discernir” con las mujeres. Retos de una Iglesia sinodal, en Estudios Eclesiásticos, vol. 97, núm. 381-382, septiembre 2022, 555-589. Ver también Serena NOCETI, Una palabra inaudita: las mujeres y la sinodalidad en la Iglesia, en: https://revistasic.org/