Discernimiento y toma de decisiones en común en una Iglesia sinodal

  El discernimiento en común es la manera de proceder de una Iglesia constitucionalmente sinodal desde los orígenes: no podemos dejar de pensar en la experiencia del Concilio de Jerusalén y en su forma de abordar la cuestión crucial de la misión hacia los paganos. Existe un verdadero reto a la hora de aprender e […]

18 Sep, 2024
Òscar Martí

 

El discernimiento en común es la manera de proceder de una Iglesia constitucionalmente sinodal desde los orígenes: no podemos dejar de pensar en la experiencia del Concilio de Jerusalén y en su forma de abordar la cuestión crucial de la misión hacia los paganos.

Existe un verdadero reto a la hora de aprender e implementar el discernimiento comunitario. Aplicar correctamente este discernimiento comunitario contribuye al signo profético que es la Iglesia en sínodo. El discernimiento sólo puede hacerse dejando que el propio Espíritu forje en nosotros una verdadera mentalidad sinodal.

No nos debe sorprender, hay obstáculos y un combate para conseguir este discernimiento. Tal y como nos recuerda el Documento preparatorio §21, existe este actor adicional, el antagonista, que viene a traer la división. El discípulo de Cristo está confrontado al misterio de la Cruz; frente a este misterio algunos se alejan, las multitudes del Evangelio cambian de humor. «La insidia que divide» también destila obstáculos que toman diversas formas: «el rigorismo religioso, la intimación moral» normalmente más exigente que la de Jesús, «una sabiduría política mundana que pretende ser más eficaz que el discernimiento de espíritus».

Al tratarse de una escucha en común del Espíritu, hace falta un tiempo, estar en un marco y un ambiente espiritual que permitan la apertura a compartir y a la escucha. Este discernimiento sólo se hace en la oración, el silencio, la escucha de la Palabra de Dios. Así es como el proceso de escucha mutua se convierte en una auténtica experiencia de discernimiento de la voz del Espíritu Santo. Para que este auténtico discernimiento tenga lugar, necesitamos tiempo para conseguir una profunda reflexión y entrar en un espíritu de confianza mutua, una fe común, un objetivo compartido. No olvidemos que el objetivo del discernimiento no es tanto una reforma de la Iglesia, sino caminar juntos hacia la Iglesia que Dios nos llama a ser.

El discernimiento es en sí mismo un acto sinodal, con las tres dimensiones de comunión, participación y misión. La diversidad de los dones se pone al servicio de la misión de la Iglesia en el mundo.

La escucha sinodal está orientada al discernimiento. Escuchamos con el objetivo de ejercer el discernimiento, con el objetivo de aprender y ejercer el arte del discernimiento personal y comunitario. Nos escuchamos unos a otros, escuchamos nuestra tradición de fe, escuchamos los signos de los tiempos y discernimos lo que Dios nos dice a todos. El papa Francisco lo traduce así: «escucha de Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar allí la voluntad a la que Dios nos llama» (Discurso por el 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015).

Este discernimiento no es simplemente un acto puntual; es un acto esencial de nuestro ser sinodal, y por tanto es una forma de vida, anclada en Cristo, siguiendo la guía del Espíritu Santo. Este discernimiento ayuda a nuestras comunidades a afrontar el presente con el Espíritu, a entrar en la misión que el Espíritu nos da.

El discernimiento es un acto del Espíritu, un acto espiritual: es una gracia de Dios que requiere nuestra implicación humana. Nuestra implicación humana es sencilla: orar, reflexionar, estar atentos a nuestra disposición interior, escucharnos y hablarnos de forma auténtica, significativa y acogedora (Vademécum para el Sínodo sobre la Sinodalidad, §2.2).

El discernimiento espiritual es el arte de vivir el Reino. Discernir, en la tradición inaugurada por Ignacio de Loyola, se entiende como lo necesario para llevar una existencia que el don del Espíritu de Jesucristo precede y realiza. En esto se distingue de la casuística, que es el arte de juzgar casos particulares (casus, en latín) a la luz de las reglas morales. Éste no es el discernimiento que concierne principalmente a la vida espiritual, que conduce a una vida moral, a una existencia en el deseo del bien, con y para los demás en instituciones justas. El discernimiento es, por su parte, lo que los creyentes ponen en práctica para asociarse a la acción de Dios en el mundo. En este sentido, el discernimiento es la auscultación de lo que creemos, pero que es tan difícil de percibir: «El Reino de Dios está muy cerca». Implica, pues, una reflexión que compromete tanto al corazón como a la cabeza en las decisiones a tomar, decisiones que inciden en nuestra vida concreta y que nos permiten buscar y encontrar la voluntad de Dios. Este discernimiento es un acto de fe: creemos que Dios actúa en el mundo y que estamos llamados a escuchar lo que el Espíritu nos propone.

La escucha forma parte del proceso sinodal; el discernimiento es su objetivo; la participación es, pues, el camino del discernimiento. Esto conduce a implicar a otras personas, incluidas personas que tienen opiniones diferentes a las nuestras. Escuchar a quienes tienen las mismas opiniones que nosotros no da fruto. Dios habla a menudo a través de la voz de quienes fácilmente podemos excluir, rechazar, despreciar. Esto requiere realizar un esfuerzo especial. Aceptar que éstos nos pueden llevar a cambiar nuestra forma de pensar.

La síntesis es un acto de discernimiento que nos prepara para el siguiente paso. No consiste en informar sobre tendencias y puntos de convergencia comunes; pone en evidencia los puntos que tocan un tema sensible, que inspiran un punto de vista original, que inciden en la comunidad, que abren un nuevo horizonte, que invitan a la conversión, que nos arrojan a un camino donde no lo dominamos todo. Dios mira especialmente a los más pequeños: prestando especial atención a las voces de quienes no se escuchan a menudo, integrando la aportación de los más pequeños, los más frágiles y las minorías. El discernimiento requiere integrar experiencias positivas, pero también experiencias difíciles para reflejar la realidad de lo escuchado.

Por tanto, decidir es un proceso realmente eclesial que requiere el compromiso y la ayuda de todos los fieles implicados y de sus pastores que, a su vez, descubren y experimentan que no deben decidir solos ni aislados, sino in consilio, es a decir sinodalmente –o más bien en sínodo, que equivale a decir en ecclesia.

Los procedimientos de toma de decisiones sólo evolucionarán de forma auténticamente sinodal superando el minimalismo del sólo consultivo una vez se tome en serio la opinión concordante inspirada por el Espíritu de santidad. Depende de los pastores tomar las decisiones y, por tanto, incluirlas en comunión con toda la Iglesia. Desde esta perspectiva, tomar la decisión es una manera de mantener a la comunidad en comunión eclesial a la vez que los propios fieles, pastores y otros ministerios incluidos, se mantienen en comunión a partir de su corresponsabilidad diferenciada en la misión común. En definitiva, se trata de caminar tanto como de decidir siempre en ecclesia, nunca unos sin otros.

Lic. Ezequiel Mir

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