Los obispos auxiliares celebran Ramos en la Catedral

El obispo Sergi y el obispo Toni invitan la feligresía barcelonesa a vivir este camino de Semana Santa con el amor y la ternura de Jesús

Este año, la celebración de Ramos en la Catedral de Barcelona ha ido a cargo de los dos obispos auxiliares de la diócesis. Por un lado, Mons. Sergi Gordo presidió y bendijo las palmas a los pies de la catedral, mientras que el obispo Mons. Antoni Vadell pronunció la homilía, en el interior del templo.

Ramas de olivo y de laurel, palmas y palmones de todo tipo. Pequeños, grandes, con lazadas de colores, con golosinas… Entre estos, algún palo selfie camuflado. Este era el escenario del domingo en la plaza de la catedral, con la feligresía de Barcelona expectante, por la bendición de Ramos.

Bendición de Ramos

Fue la primera vez que el obispo Sergi esparció el agua bendita, en recuerdo de la llegada de Jesús a Jerusalén. Un momento de «fiesta y alegría», tal como dijo después de la lectura, dedicando unas palabras a todos los presentes.

«Que con esta rama, pequeña o grande, nuestro corazón lata al ritmo del corazón de Jesús» – decía el obispo-. «Que su manera de vivir sea nuestra. Que este camino que Él recorre de Domingo de Ramos, hasta Lunes de Pascua, lo hagamos nosotros también «, añadió. Animó a todos a caminar durante esta semana santa con Jesus, un recorrido «de humildad y de amor extremo».

A continuación, todas las personas reunidas en la Catedral de Barcelona sacudieron sus ramas de laurel y de olivo, palmas, ya bendecidos, tal como el pueblo de Jerusalén ovacionó Jesús. «Un ramo bendito, un anelo de paz, de no violencia, de humildad, de vida entregada como la de Jesús», dijo el obispo Sergio.

 

Homilía

Una vez dentro del templo y leída la lectura de la Pasión, el obispo Toni Vadell proclamó la homilía. Invitó a todos a «dejarse impregnar de la ternura» de aquella mujer que ungió a Jesús y a «dejarse tocar el corazón», tal como aquel centurión romano, que vio morir el hijo de Dios. Recordó la misericordia de Dios que acogió a Jesús en la cruz, «un amor nos acompaña a todos», dijo Vadell.

«El Señor nos invita a acercarnos a él. No como aquel que siente pena, sino como aquel discípulo amado con ternura y con el corazón abierto«, dijo Vadell.» Ojalá nos dejamos llevar por esta confianza filial de Jesús – continuaba el obispo- de manera que cuando tengamos un momento de sufrimiento y de cruz también podamos decir: Abbá!» «Ojala, que pueda salir de nuestro corazón esta oración confiada de un niño a su Padre «, dijo.

Ambos obispos entusiasmaron la feligresía, consciente de este trayecto de fe al que invita la Semana Santa.

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