Una vez acabada la lectura del Evangelio, empezaba el rito de ordenación. Primero, se empieza por el rito de llamamiento, seguidamente, la petición de ordenación y, finalmente, está la elección.
Los presbíteros Sergio Adán Delgado, Alfons de Alarcón Santaeularia, Santiago Cellier Ravina, Pau Manent Bistué y Federico Marfil Mur fueron llamados por su nombre, seguidamente se levantaron ante el arzobispo diciendo «estoy aquí». El rector del seminario Mn. Salvador Bacardit pidió, en nombre la Iglesia de Barcelona, al cardenal Omella que ordenara a los candidatos. A continuación, el arzobispo preguntó al rector si los futuros presbíteros eran dignos, a lo que este respondió: «hemos consultado al pueblo cristiano, hemos escuchado a aquellos a quien corresponde y puedo decir que los han encontrado dignos». Finalmente, el Sr. Cardenal dijo: «Con la ayuda del señor Jesucristo, Dios y Salvador nuestro, escogemos a estos hermanos nuestros para la orden del presbiterado». Así mismo, el arzobispo concluyó el primer rito introductorio de la ordenación escogiendo a los seis candidatos para la Orden de los Presbíteros.
Presentar el Evangelio como luz y esperanza
El cardenal Omella empezó la homilía con una pequeña historia de como un joven sacerdote fue ordenado por su tío que era obispo y estaba bajo arresto domiciliario en un país asolado por el comunismo. Una historia muy emotiva y adecuada en estos días difíciles por la situación que se está viviendo en Ucrania. Por eso, el arzobispo de Barcelona aconsejó a los todavía ordenantes que «Vivimos un tiempo en que, ciertamente, el secularismo, el agnosticismo y el indiferentismo ganan terreno. Muchas personas viven como si Dios no existiera y ya no se plantean la cuestión de Dios. Ante esta situación, no tenemos que acobardarnos ni deprimirnos, sino que tenemos que ser capaces de presentar el Evangelio como camino hacia la plenitud de la vida, como luz y esperanza para los seres humanos». También añadió que «los sacerdotes, con nuestro testimonio de vida y con nuestra predicación, tenemos que ser capaces de suscitar un anhelo profundo de Dios, porque, a pesar de no ser consciente, el corazón humano tiene nostalgia de Dios, nostalgia de amor eterno, nostalgia de infinito. Por eso, hace falta que anunciemos con íntima convicción y alegría el Dios trinitario que es Amor y Misericordia».
Seguidamente, el cardenal Omella aseguró a los futuros presbíteros que «el sacerdote no es un hombre aislado en su mundo personal o particular, es alguien en medio del pueblo que comparte las penas y las alegrías de los hermanos».
Si un solo hombre, en su pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia
Para finalizar con la homilía comprendió que «quizás pensaréis o diréis que os sentís muy pequeños e incapaces de vivir todo esto en plenitud». Por este motivo, les citó este refrán en italiano
Se ogni piccolo uomo, nel sudo piccolo mondo, hace una piccola cosa, il mondo cambia
Si un solo hombre, en su pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia
«Vuestra pequeñez quedará transformada con la ayuda del Señor. Confiad siempre en Él y en su bendita Madre, María Santísima» finalizó.