
El Papa invita a llevar el Evangelio al corazón de las ciudades
En El Video del Papa de este mes de agosto, el Santo Padre invita a rezar para que las comunidades cristianas sean testigos vivos del Evangelio en medio de las ciudades. A…
El cardenal Omella preside la ordenación sacerdotal de los cinco nuevos presbíteros de la archidiócesis en la Basílica de la Sagrada Familia
Una vez acabada la lectura del Evangelio, empezaba el rito de ordenación. Primero, se empieza por el rito de llamamiento, seguidamente, la petición de ordenación y, finalmente, está la elección.
Los presbíteros Sergio Adán Delgado, Alfons de Alarcón Santaeularia, Santiago Cellier Ravina, Pau Manent Bistué y Federico Marfil Mur fueron llamados por su nombre, seguidamente se levantaron ante el arzobispo diciendo «estoy aquí». El rector del seminario Mn. Salvador Bacardit pidió, en nombre la Iglesia de Barcelona, al cardenal Omella que ordenara a los candidatos. A continuación, el arzobispo preguntó al rector si los futuros presbíteros eran dignos, a lo que este respondió: «hemos consultado al pueblo cristiano, hemos escuchado a aquellos a quien corresponde y puedo decir que los han encontrado dignos». Finalmente, el Sr. Cardenal dijo: «Con la ayuda del señor Jesucristo, Dios y Salvador nuestro, escogemos a estos hermanos nuestros para la orden del presbiterado». Así mismo, el arzobispo concluyó el primer rito introductorio de la ordenación escogiendo a los seis candidatos para la Orden de los Presbíteros.
El cardenal Omella empezó la homilía con una pequeña historia de como un joven sacerdote fue ordenado por su tío que era obispo y estaba bajo arresto domiciliario en un país asolado por el comunismo. Una historia muy emotiva y adecuada en estos días difíciles por la situación que se está viviendo en Ucrania. Por eso, el arzobispo de Barcelona aconsejó a los todavía ordenantes que «Vivimos un tiempo en que, ciertamente, el secularismo, el agnosticismo y el indiferentismo ganan terreno. Muchas personas viven como si Dios no existiera y ya no se plantean la cuestión de Dios. Ante esta situación, no tenemos que acobardarnos ni deprimirnos, sino que tenemos que ser capaces de presentar el Evangelio como camino hacia la plenitud de la vida, como luz y esperanza para los seres humanos». También añadió que «los sacerdotes, con nuestro testimonio de vida y con nuestra predicación, tenemos que ser capaces de suscitar un anhelo profundo de Dios, porque, a pesar de no ser consciente, el corazón humano tiene nostalgia de Dios, nostalgia de amor eterno, nostalgia de infinito. Por eso, hace falta que anunciemos con íntima convicción y alegría el Dios trinitario que es Amor y Misericordia».
Seguidamente, el cardenal Omella aseguró a los futuros presbíteros que «el sacerdote no es un hombre aislado en su mundo personal o particular, es alguien en medio del pueblo que comparte las penas y las alegrías de los hermanos».
Para finalizar con la homilía comprendió que «quizás pensaréis o diréis que os sentís muy pequeños e incapaces de vivir todo esto en plenitud». Por este motivo, les citó este refrán en italiano
Se ogni piccolo uomo, nel sudo piccolo mondo, hace una piccola cosa, il mondo cambia
Si un solo hombre, en su pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia
«Vuestra pequeñez quedará transformada con la ayuda del Señor. Confiad siempre en Él y en su bendita Madre, María Santísima» finalizó.
Una vez acabada la homilía, los diáconos admitidos a la orden de presbíteros manifestaron, en presencia del cardenal Omella, la voluntad de cumplir su ministerio según los deseos de Cristo y de la Iglesia. En concreto, el obispo pregunta a los futuros presbíteros si están dispuestos a ser fieles colaboradores del ministerio episcopal; así mismo, les preguntan también sobre si están dispuestos a ejercer el misterio de la Palabra, presidir celebraciones litúrgicas, rezar por el pueblo que le sea encomendado y por eso, unir su vida a Cristo. Los futuros sacerdotes respondieron afirmativamente a todas las peticiones del Sr. Cardenal y manifestaron obediencia y voluntad de cumplir su ministerio según los deseos de Cristo y de la Iglesia.
Después, los cinco diáconos se postraron en el suelo en señal de humildad y de plegaria ante Dios. Seguidamente, con la letanía de los santos todos imploraron la gracia de Dios a favor de los candidatos.
A continuación, el cardenal Omella impuso las manos a los futuros presbíteros haciendo la plegaria de ordenación. Junto con el arzobispo, todos los presbíteros presentes al acto también impusieron las manos sobre la cabeza de cada uno de los candidatos para significar su recepción en el presbiterio. Después los nuevos ordenados fueron revestidos con la estola en la forma presbiteral y con la casulla. Una muestra que manifestaba visiblemente el ministerio que desde este momento empezarán a ejercer en las celebraciones litúrgicas.
Llegados a este punto, el arzobispo de Barcelona les ungió las manos para manifestar la participación particular de los presbíteros en el sacerdocio de Cristo. También se les otorgó el cáliz y la patena con el pan y el vino, un indicativo del deber de presidir la celebración eucarística y de seguir a Cristo crucificado. Finalmente, el cardenal Omella cambió un poco el rito y, en vez de hacerles un beso de paz, los abrazó como sello de la acogida que otorga a sus nuevos colaboradores en el ministerio presbiteral.
Finalmente, los nuevos ordenados ejercieron por primera vez su ministerio en la celebración eucarística concelebrando con el obispo y los otros miembros del presbiterio.