
Misa por Venezuela
La Archidiócesis de Barcelona invita a toda la comunidad a la sagrada eucaristía en apoyo y solidaridad con el pueblo venezolano. Será el próximo jueves 2 de julio de 2026 a las…
La Misa Crismal en la Catedral reúne al presbiterio diocesano en la bendición de los Santos Óleos y la renovación de las promesas sacerdotales
«Gracias por lo que sois, por vuestro sí y por todo lo que hacéis al servicio de Dios y de los hermanos». Con estas palabras, el cardenal y arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, ha expresado este Martes Santo su agradecimiento a los presbíteros de la archidiócesis, durante la Misa Crismal celebrada en la Catedral de Barcelona.
Un año más, la Misa Crismal ha reunido presbíteros, diáconos, seminaristas y miembros de la vida consagrada en esta celebración especial en la que se consagra el Santo Crisma y se bendicen los Santos Óleos. A su vez, es una misa en la que se manifiesta la comunión de los presbíteros, que renuevan sus promesas sacerdotales, con el obispo. Concelebrando, destacaban también los obispos auxiliares Mons. David Abadías y Mons. Javier Vilanova i Pellisa, así como el arzobispo emérito Card. Lluís Martínez Sistach.
En su homilía, el cardenal Omella ha querido centrar el mensaje en tres signos que expresan la vitalidad de la Iglesia. «Hoy vemos tres señales de la acción de Dios que viene para fortalecernos en la batalla contra el mal», ha afirmado.
El primer signo son los Santos Óleos, que expresan la presencia sanadora y fortalecedora de Dios en la vida de su pueblo. «A través de estos óleos, toda la vida del pueblo santo de Dios se presenta y se confía al Señor», ha subrayado.
El segundo signo es la propia asamblea eclesial, llamada a vivir la comunión como un don recibido. Tal como ha dicho, «una asamblea diversa y variada, donde cada uno tiene su lugar, a la que todos somos invitados». En este sentido, ha recordado que la Iglesia «no es un club donde los miembros se eligen entre personas similares», sino una «realidad de comunión que viene de Dios y que debe ser custodiada».
Como tercer signo, el arzobispo ha destacado la renovación de las promesas sacerdotales, uno de los momentos centrales de la celebración. El cardenal ha expresado un profundo «gracias por lo que sois, por vuestro sí y por todo lo que hacéis al servicio de Dios y de los hermanos».
En este último punto, Omella ha dirigido un agradecimiento a los presbíteros: «Tanto mi experiencia como la de los obispos nos revela vuestro inmenso esfuerzo por vivir amando y sirviendo, por animar y guiar las comunidades que os han sido confiadas». Ha subrayado la dimensión espiritual del ministerio, recordando la tensión «entre fragilidad y gracia». Según ha destacado, «en nuestros corazones la gracia y el pecado libran una batalla constante y agotadora, pero damos gracias a Dios porque podemos ser luz de esperanza para muchas personas».
También ha tenido un especial agradecimiento hacia los diáconos, un ministerio «no siempre fácil de comprender» pero «necesario para la misión de la Iglesia», que recuerda a toda la Iglesia la dimensión del servicio y de la caridad, y cuya misión ayuda a mantenerla abierta a los más vulnerables y alejados. «Vuestra presencia en medio de la sociedad y de la Iglesia debe recordarnos la importancia de vivir atentos a los pobres, vulnerables y alejados», ha añadido. Les ha instado a no perder la identidad y a recordar a presbíteros y obispos que «la dimensión diaconal permanece para siempre en el fundamento de nuestra vocación».
Finalmente, ha querido agradecer la oración del pueblo de Dios, que ha definido como «el humus oculto que ayuda al progreso hacia la santidad de todos los bautizados».
El cardenal Omella ha pedido a los presbíteros y diáconos una oración especial para este Viernes Santo para que la paz llegue a Tierra Santa: «Recordaros el deber que tenemos con la Iglesia Madre de Jerusalén, especialmente en estos momentos de tanta dificultad. Este Viernes Santo, recemos de manera especial en todas las comunidades por esta tierra que conoció Jesús, que recorrió y de la que nos dejó tantos recuerdos, para que la paz llegue. Que nuestra ayuda espiritual y material pueda ayudar a los cristianos que están allí a seguir siendo testigos de este pasado que es presente y futuro.»
Una vez finalizada la celebración, todos los presbíteros han salido en procesión hacia el Claustro de la Catedral. Allí permanecerán los santos óleos, para que los párrocos puedan llenar sus crismeras a lo largo de toda la Semana Santa.