El negocio del tráfico de personas

(Domingo, 13/07/2014) El sentido social del papa Francisco tiene una de sus manifestaciones en la preocupación por el fenómeno del llamado tráfico de personas. Los especialistas de Naciones Unidas y de la Unión Europea estiman -y es sólo la punta del iceberg- que hoy sufren esta situación en el mundo unos treinta millones de seres […]

11 Jul, 2014
Església de Barcelona

(Domingo, 13/07/2014)

El sentido social del papa Francisco tiene una de sus manifestaciones en la preocupación por el fenómeno del llamado tráfico de personas. Los especialistas de Naciones Unidas y de la Unión Europea estiman -y es sólo la punta del iceberg- que hoy sufren esta situación en el mundo unos treinta millones de seres humanos y que esta cifra se incrementa cada año en dos millones más. El tráfico de personas es el negocio más grande de la globalización. Algunos observadores afirman que para el crimen organizado comienza a ser ya más lucrativo dedicarse al tráfico de personas que al tráfico de armas o de droga. El ochenta por ciento de estas personas terminan en el mundo de la prostitución y el veinte por ciento restante en el trabajo forzado.

Estas cifras las dio el arzobispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, compatriota del papa Francisco y canciller de las Pontificias Academias de Ciencias y de Ciencias Sociales de la Santa Sede, quien ha explicado que el Papa les ha pedido que estudien el problema del tráfico de personas como una forma de esclavitud moderna.

La esclavitud siempre había existido, pero se fue aboliendo como sistema legal. Ahora, sin embargo, la globalización deja unos intersticios que los gobiernos no pueden controlar y los traficantes se aprovechan. Entonces se da la esclavitud moderna, sobre todo en dos situaciones: el trabajo forzado, o sea, aquel en el que no se respeta el orden natural de las cosas, bien por exceso de horas, bien por la dureza de las condiciones, bien porque se explota a niños; y la prostitución. La prostitución es un drama que no está vinculado sólo a la inmigración, aunque es cierto que muchas chicas y mujeres de países pobres acaban ejerciéndola en países ricos; sin embargo, también se da en el seno de la población autóctona de las grandes ciudades.

Quizá el lector u oyente piense que no hay nada que hacer. Pero no podemos caer en el llamado pesimismo de los buenos. Las personas verdaderamente buenas, de todas las confesiones cristianas y religiones, son las que han apoyado esta iniciativa tan valiente del papa Francisco. Me ha impresionado, en este sentido, el hecho -que explicó el arzobispo Sánchez Sorondo durante su reciente estancia en Barcelona- de que el Papa ha elogiado el trabajo de las religiosas ante este problema. «Cuando el Papa nos recibió por segunda vez, fue directo a las religiosas y las alabó por estar en primera línea contra este problema». Ellas son un ejemplo de coraje y no creen que no haya nada que hacer, que el problema no tenga solución.

En esta línea, me complace destacar y agradecer el trabajo que hacen las religiosas de diversas congregaciones en nuestra diócesis en favor de las chicas y las mujeres explotadas sexualmente.

 † Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

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