Carta dominical | Una mirada positiva

En los últimos años se viene hablando de la crisis que nos acecha fijando la atención de manera exclusiva en las consecuencias económicas de la misma, como el paro generado, el rescate del sistema bancario, etc. Hoy pretendo hablar del hombre, de la persona. Y lo hago siguiendo la línea medular que vertebra lo mejor […]

07 Dic, 2016
Església de Barcelona

En los últimos años se viene hablando de la crisis que nos acecha fijando la atención de manera exclusiva en las consecuencias económicas de la misma, como el paro generado, el rescate del sistema bancario, etc. Hoy pretendo hablar del hombre, de la persona. Y lo hago siguiendo la línea medular que vertebra lo mejor de la Doctrina Social de la Iglesia. Hablar de la crisis desde la perspectiva del hombre no es evadirse de la realidad, y mucho menos camuflarla, es ir al centro de la crisis, que, a mi entender, va más allá de lo económico y financiero.

En esta carta quiero hacer hincapié en las razones que tenemos -los creyentes y los hombres y mujeres de buena voluntad- para no dejarnos invadir, y menos paralizar, por el pesimismo que lo arrebaña todo. Es cierto que la crisis es dura y penosa, especialmente para algunos. Pero no podemos perder la esperanza ni las ganas de luchar por salir de la crisis y de las dificultades. A veces se oye decir “todo está muy mal y aquí no se puede hacer nada”. Los primeros cristianos, que nunca se dejaron llevar por el pesimismo, nos enseñaron a no dejarnos envolver por el desánimo. Sí, los verdaderos seguidores del Maestro, en todos los tiempos, circunstancias y lugares, han vivido con fuerza y con energía tres actitudes que el papa Juan Pablo II propuso en su exhortación pastoral Ecclesia in Europa, en concreto en los números 3 y 4. Yo las hago mías y os las propongo para que logremos estar a la altura de las circunstancias en estos tiempos difíciles.

La primera actitud hace referencia a la nueva perspectiva con la que hemos de mirar y contemplar el mundo y la sociedad. Una mirada positiva que no excusa de reconocer las sombras, los errores y los pecados de nuestro tiempo, pero que, a la par, ayuda a reconocer, valorar y potenciar lo positivo que hay en el corazón y en la cabeza de las personas, y también lo positivo de la historia que nos está tocando vivir.

En segundo lugar, si nos dotamos de esa mirada positiva -fruto del discernimiento evangélico-, crecerá nuestra conciencia de unidad. Hay que decir alto y claro que no hay nada peor y más destructor que la división, la desconfianza y el aislamiento. Sólo se puede construir desde la unidad y desde la comunión. Para los creyentes, es algo innegociable que donde está la caridad y el amor, ahí -y sólo ahí- está Dios.

Finalmente, la tercera actitud que se nos exige hoy es una gran dosis de esperanza. Sin esperanza no se puede evangelizar. Y nosotros, los cristianos, no podemos olvidar que estamos en el mundo para evangelizar, para dar razón de nuestra fe, de nuestra esperanza; para cambiar nuestro mundo y hacerlo más fraterno y más habitable.

El mensaje de Jesús es un mensaje de esperanza. Si nosotros no vivimos la esperanza, que se fundamenta en la presencia del Resucitado, ¿qué anunciamos entonces? ¿Cómo podrán los hombres y mujeres de nuestro tiempo, nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo, aceptar nuestro mensaje?

Termino mi reflexión de hoy haciéndome y haciéndoos la siguiente pregunta: nuestra actitud, en lugar de la condena y denuncia permanente, ¿no debería ser la de reconocer, valorar y estimular los valores positivos que se dan en nuestro entorno? ¡Qué importante es la calidad de la mirada! Tanto que, al acabar la creación del mundo y del hombre, “vio Dios que era bueno” (Gen 1, 10). ¡Cuánto bien nos hará esa mirada de Dios! Aunque sabemos que esa mirada positiva y agradecida no puede impedir que seamos realistas, es importante no perderla y hacerla crecer en nuestras vidas.

Queridos hermanos, que Dios os bendiga a todos.

+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del arzobispo metropolitano de Barcelona.

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