Carta dominical | «Una hermosa tradición»

Nos encontramos de pleno en el tiempo litúrgico de Adviento. La liturgia de estas semanas nos ayuda a preparar la venida de Cristo a nuestro mundo. Preparamos nuestros corazones con la oración y también preparamos ilusionados nuestros hogares con elementos navideños y con una hermosa tradición: el belén.

El entrañable Belén de Navidad ha sobrevivido, pese a muchos cambios sociales, políticos y tecnológicos, durante ocho siglos. Esto nos debería emocionar. Estoy seguro de que estos días ya habréis preparado el belén en algún rincón de vuestras casas. Este año lo haremos todavía con más alegría, ya que se cumplen 800 años de la primera representación del belén, que fue obra de san Francisco de Asís.

Cuentan los biógrafos de san Francisco de Asís que, unos días antes de la Navidad de 1223, San Francisco llegó a Greccio, un pueblo italiano situado en un lugar escarpado donde había grutas. Era un pueblo que le recordó el paisaje de Belén, donde según la tradición nació Jesús. Es por ello que, con la ayuda de la gente del lugar, decidió escenificar el nacimiento de Jesús en una cueva de Greccio.

El santo de Asís y muchos habitantes de Greccio fueron a aquella cueva para celebrar la misa de Nochebuena. Los mismos fieles que participaron en la Eucaristía escenificaron el nacimiento de Jesús. Fue el primer pesebre viviente. Cuentan los testimonios que al terminar la misa todos los que habían celebrado la Eucaristía regresaron a sus casas llenos de alegría. Aquella noche, la luz de la Navidad llegó más que nunca a los corazones de todos los presentes.

Nuestros belenes, pues, tienen un origen franciscano. En ellos hay siempre cinco figuras fundamentales: el niño Jesús, la Virgen María, san José y también, el buey y la mula. Hoy quisiera compartir con vosotros una reflexión sobre dos elementos de gran tradición en Cataluña que a veces olvidamos y que han recogido algunos estudiosos.

El primero es la presencia de alguna casa o edificio en ruinas. Estas ruinas simbolizan a la humanidad, a un mundo lleno de conflictos en el que hay cada vez más empobrecidos. El nacimiento de Jesús nos devuelve la esperanza. Cuando sintamos a nuestro alrededor que todo se desmorona, pidamos a Cristo que reconstruya nuestras vidas.

El segundo elemento es una figura muy entrañable. Es un pastor que está preparando la comida en una olla. Se encuentra estirado en el suelo y sopla para mantener el fuego encendido. Esta figura nos puede ayudar a tener una actitud contemplativa ante el nacimiento de Jesús. El simpático pastor hace sus tareas diarias y está junto al niño Jesús. Durante estos días, encontremos algún momento para estar junto a Jesús, María y José, y pedirles que nos ayuden a mantener encendido el fuego de nuestra fe.

Queridos hermanos y hermanas, el belén, tal como nos dice el papa Francisco nos ayuda a recordar que «el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros» (Admirabile signum, 3). Preparemos nuestro corazón para recibir a Jesús, el amigo que nunca falla.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.