
«El proyecto de Dios: cosa de todos»
La Pentecés es una de las grandes celebraciones del año litúrgico. Cincuenta días después de Pascua, celebramos la venida del Espíritu Santo. Los apóstoles lo recibieron cuando estaban reunidos. Aquel momento no…
Hoy es Pascua de Resurrección. Cantamos a plena voz ¡Aleluya! Sí, celebramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado. Celebramos nuestra salvación. Cuentan de un famoso sabio alemán que, al tener que ampliar su gabinete de investigaciones, fue a alquilar una casa que colindaba con un convento de carmelitas. Y pensó: «¡Qué […]
Hoy es Pascua de Resurrección. Cantamos a plena voz ¡Aleluya! Sí, celebramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado. Celebramos nuestra salvación.
Cuentan de un famoso sabio alemán que, al tener que ampliar su gabinete de investigaciones, fue a alquilar una casa que colindaba con un convento de carmelitas. Y pensó: «¡Qué maravilla, aquí tendré un permanente silencio!» Y, con el paso de los días, comprobó que, efectivamente, el silencio rodeaba su casa, salvo en las horas de recreo. Entonces, en el patio vecino estallaban surtidores de risa, limpias carcajadas, un brotar inextinguible de alegría. Y era un pozo que se colaba por puertas y ventanas. Un júbilo que perseguía al investigador por mucho que cerrase sus postigos. ¿Por qué se reían aquellas monjas? ¿De qué se reían? Estas preguntas intrigaban al investigador. Tanto, que la curiosidad le empujó a conocer las vidas de aquellas religiosas. ¿De qué se reían si eran pobres? ¿Por qué eran tan felices si nada de lo que alegra a este mundo era suyo? ¿Cómo podía llenarles la oración, el silencio? ¿Tanto valía la sola amistad? ¿Qué había en el fondo de sus ojos que los hacía brillar de tal manera?
Aquel sabio alemán no tenía fe. No podía entender que aquello, que para él eran puras ficciones, puros sueños sin sentido, llenara un alma. Menos aún que pudiera alegrarla hasta tal extremo.
Y comenzó a obsesionarse. Empezó a sentirse rodeado de oleadas de risas, que ahora escuchaba a todas horas. Y en su alma nació una envidia que no se decidía a confesarse a sí mismo. Tenía que haber algo que él no entendía, un misterio que le desbordaba. Aquellas mujeres, pensaba, no conocían el amor, ni el lujo, ni el placer, ni la diversión. ¿Qué tenían si no podían ser otra cosa que una acumulación de soledades?
Un día se decidió a hablar con la priora, y ésta le dio una sola razón:
Entonces creció la sonrisa de la religiosa, y el sabio volvió a ver en sus ojos aquel brillo que tanto le intrigaba.
Me pregunto ahora, después de leer esta preciosa narración, cuántos cristianos se dan cuenta de que ése es su oficio, que ésa es la tarea que les encomendaron el día de su bautismo: ser testigos de la resurrección. Un verdadero cristiano no pierde la alegría ni la esperanza. Sabe que Cristo, su Dios y Señor, su Amigo y Hermano, vive y le ama. ¿No fue esa certeza la que hizo desbordar de alegría a María Magdalena, a Tomás apodado el Mellizo, a los dos de Emaús, a Pedro…?
Este tiempo de Pascua debería ser la gran ocasión para hacer el repaso de la infinita serie de alegrías que apenas disfrutamos. Debería ser el tiempo de descubrir, y de saborear internamente, que:
Vivamos, con humildad y sin complejos, el gozo Pascual, regalo del Resucitado. Tratemos de transmitir la alegría y la paz a nuestro derredor. ¡Feliz Pascua de Resurrección!
† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona
Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.
Pie de foto: Stette in mezzo a loro (Se quedó enmedio de ellos), 2014. Acuarela de María Cavazzini Fortini