Carta dominical | «Orar para vivir»

Hoy, solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos la Jornada Pro orantibus. En este día la Iglesia quiere recordar con agradecimiento a todos aquellos que han recibido de Dios la llamada a la vida contemplativa y a rezar por toda la humanidad. Nuestros hermanos contemplativos son lámparas que nos guían en el camino de nuestra vida. Ellos oran sin cesar para que nuestra Iglesia sea como Dios la sueña. Una Iglesia cada día más fraterna, evangelizadora y sinodal, que acoja a todos, especialmente a los más vulnerables.

Las personas llamadas a la vida contemplativa nos recuerdan un aspecto fundamental de la vida cristiana: la oración. En este sentido, el papa Francisco, con el fin de prepararnos para el Jubileo del año próximo, ha propuesto que dediquemos el año 2024 a la oración. El Dicasterio para la Evangelización está editando unos cuadernos que nos pueden ayudar a descubrir la importancia de orar a Dios con humildad y alegría. Inspirándome en el primero de ellos, que lleva por título Orar hoy, un desafío a superar*. Quisiera destacar algunos motivos por los que os animo a dedicar algún momento a estar a solas con Dios.

Orar es alimento espiritual. Del mismo modo que la lluvia es necesaria para que las plantas nazcan y se desarrollen, la oración también nos alimenta. Cuando oramos, un río de amor entra en nuestro corazón y lo llena de paz y esperanza.

Orar es como relacionarse con un amigo muy querido, y no hay mejor amigo que Cristo. El evangelista san Juan describe una escena de la última cena, en la que uno de los discípulos estaba reclinado sobre el pecho de Jesús (cf. Jn 13,25), como un gesto sutil y significativo de proximidad. También nosotros necesitamos momentos de intimidad con Jesús. Momentos en que sintamos los latidos del corazón del Maestro y aprendamos a tener sus mismos sentimientos (cf. Flp 2,5).

Jesús nos invita a orar. La oración era muy importante para Él. De hecho, antes de tomar alguna decisión trascendental siempre se retiraba a un lugar solitario para hablar con Dios. Jesús es nuestro Maestro de oración. Es por ello que el evangelista Lucas narra en su Evangelio el momento en que los discípulos, viendo como rezaba Jesús, le dijeron: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1).

Cuentan que Santa Teresa de Calcuta, cuando fue invitada a un acto que organizaba la ONU, se definió a sí misma como una «pobre monja que reza». Todos nosotros también estamos llamados a ser personas de oración, que encuentren en ella la fuerza para llevar el amor de Dios a todos nuestros hermanos. La oración nos humaniza y nos diviniza.

Queridos hermanos y hermanas, durante estos días, al empezar o finalizar nuestra jornada, busquemos algún rato para abrir nuestro corazón a Cristo. Que María, modelo de oración, nos ayude a encontrar a Dios en cada acontecimiento de nuestra vida. Agradezcamos a todos los monasterios de vida contemplativa su entrega y testimonio. Les damos gracias por orar por la Iglesia y por el mundo.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

*Consulta los apuntes sobre la oración, a cargo del cardenal Angelo Comastri: https://haciaeljubileo.com/wp-content/uploads/2024/03/2024-apuntes-sobre-la-oracion-libro-1.pdf

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.