Carta dominical | «La fuerza de un gesto»

Llegando al fin de la canícula, muchas personas agotan sus vacaciones en segundas residencias o yendo de viaje en algún país extranjero. Claro que otras no habrán podido disfrutar ni de unos días de descanso; pienso especialmente en aquellas familias que por motivos económicos habrán optado por quedarse en casa. Ya sea en la residencia […]

17 Ago, 2017
Església de Barcelona

Llegando al fin de la canícula, muchas personas agotan sus vacaciones en segundas residencias o yendo de viaje en algún país extranjero. Claro que otras no habrán podido disfrutar ni de unos días de descanso; pienso especialmente en aquellas familias que por motivos económicos habrán optado por quedarse en casa.

Ya sea en la residencia habitual o fuera de ella, hay que aprovechar el verano para encontrar un tiempo de reflexión, de oración, de cultivo de la espiritualidad, un tiempo para la lectura, para la convivencia con la familia y los amigos, y sobre todo un tiempo de alabanza a Dios por habernos dado a los hombres el jardín del mundo, un jardín que hemos de cultivar y no dañar de cualquier manera.

Estos días son muchos los turistas que visitan nuestra archidiócesis. Hoy me gustaría compartir con vosotros un cuento breve que tiene a un turista como protagonista. Uno de ellos iba caminando por una larga y ancha playa de nuestro litoral mediterráneo. Mientras andaba empezó a ver que, en la distancia, otro hombre se acercaba. A medida que avanzaba, advirtió que este hombre se agachaba para recoger algo que después arrojaba al agua. Una y otra vez lanzaba con fuerza esas cosas al mar.

Al aproximarse más, el turista observó que el hombre estaba recogiendo estrellas de mar que la marea había dejado en la playa y que, una por una, devolvía al agua.

Intrigado, el turista se aproximó al hombre para saludarlo.

-Buenas tardes, amigo. Venía preguntándome qué es lo que hace.

-Estoy devolviendo estrellas de mar al agua. Ahora la marea está baja y ha dejado sobre la playa todas estas estrellas de mar. Si yo no las devuelvo al mar, se morirán por falta de oxígeno.

-Ya entiendo -replicó el turista-, pero sobre esta playa debe haber miles de estrellas de mar. Son demasiadas, simplemente. Y lo más probable es que esto esté sucediendo en centenares de playas a lo largo de esta costa. ¿No se da cuenta de que esto que está haciendo es irrelevante?

El hombre sonrió, se agachó para recoger otra estrella de mar y, mientras volvía a arrojarla al mar, contestó:

-¡Para esta estrella sí que es importante!

En este cuento vemos la importancia de cada persona y de cada acto que hacemos. Es verdad que no podemos cambiar el mundo ni solucionar todos los problemas, pero si ayudamos a una persona, aunque sea una sola, estamos haciendo que el mundo mejore un poco más. Nosotros sí que podemos hacer alguna cosa, para que nuestro planeta sea más humano y fraterno. Sólo hay que vivir atentos y empezar por lo que tenemos a nuestro alcance. Aprovechemos estas vacaciones para reflexionar, orar y practicar esos pequeños gestos que a menudo marcan la diferencia.

Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del arzobispo metropolitano de Barcelona.

Te interesará…

Síguenos

Facebook
Santa Úrsula i les santes verges😇Santa Úrsula i les santes verges Santa Úrsula (‘ossa petita’) i les santes d’avui van arribar a ser suprimides del Santoral, però, degut al seu culte molt tradicional, encara avui les conserva. Possiblement, la tradició vol fer d’elles un homenatge a la virginitat femenina. La tradició del segle V ens informa que el pare de la princesa bretona Úrsula la volia casar amb el príncep pagà d’Armòrica (l’actual Bretanya). Ella, que ja havia consagrat la seva virginitat, s’hi volia negar, però això suposava la guerra. Per guanyar temps va posar unes condicions: un termini de tres anys, que es reunissin deu comparses de mil donzelles cada una (d’aquí les «11.000 verges»?) i que el príncep es bategés. A la tornada d’un complicat viatge a Roma pel Rin, l’Úrsula i les companyes van ser martiritzades a Colònia pels huns d’Àtila. En una inscripció llatina a la catedral de Colònia hi consta: «XI. M. V.», que es pot llegir com «11 màrtirs verges», i no «11 milers de verges». Al MNAC es conserva el quadre d’en Joan Reixach (segle XV): «El retaule de les onze mil verges». «Les verges... segueixen l’Anyell arreu on va» (Ap 14,4).🗣«Quan trona pel mes d’octubre, neu segura», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Santa Teresa de Jesús, verge i doctora de l'Església😇🙏Teresa de Cepeda y Ahumada neix a Àvila el 28 de març de 1515, de família ‘hidalga’. Sa mare, Beatriz, es casà molt jove amb don Alonso, vidu del seu primer matrimoni i amb un avi toledà judaïtzant, Juan Sánchez. Van tenir tres filles i nou fills. Tot i que va entrar de carmelita als 20 anys, no fou fins als 40 que experimentà una profunda conversió després de trobar-se amb una imatge de “Crist molt llagat”. La nit de la seva mort, el 4 d'octubre de 1582, es va aplicar la reforma gregoriana del calendari i es van suprimir 11 dies.🗣«Per Santa Teresa, planta l’ametlla», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Preguem ben units pel papa Lleó XIV🙏. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Mare de Déu del Pilar😇Una tradició molt ar­rela­da a l'Aragó vol fer ar­ribar l'origen del santuari de l'antiga Cesaraugusta (Saragossa) als inicis matei­xos del cristianis­me (Maria s'hauria aparegut a l'apòstol sant Jaume, damunt d'un pilar). Però és a par­tir de l'època moder­na que el Pilar es­devé un gran san­tuari marià de la Península Ibèrica, amb una ir­ra­di­ació vers l'A­mèrica Llatina (ja que els nadius de les actuals Bahames ‘descobreixen’ Colom i els seus el 1492). Maria, símbol de la fortalesa en la fe, la seguretat de l'esperança i la constància en la caritat.«Si bones faves vols sembrar, fes-ho per la Mare de Déu del Pilar», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Vatican Media

Agenda

Evangelio del día

Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

(Mt 22,34-40)