Carta dominical | «El domingo de la alegría»

Hoy celebramos el IV Domingo de Cuaresma, llamado, según la tradición de la Iglesia, Domingo Laetare. Laetare es una palabra latina que significa «alegrarse», ya que la antífona de introducción de la Eucaristía de hoy comienza con estas gozosas palabras del profeta Isaías: «Alégrate, Jerusalén, reuníos todos los que la amáis, regocijaos los que estuvisteis tristes» (Is 66,10).

Este domingo, en plena Cuaresma, está revestido de una cierta alegría. Hoy los presbíteros y diáconos pueden usar vestidos litúrgicos de color rosa, un color intermedio entre el morado de la Cuaresma y el blanco de la Pascua. Además, este domingo también se puede adornar el altar con flores.

Quisiera compartir dos motivos por los que podemos alegrarnos en este día. El primero es que hoy la Iglesia nos recuerda que se acerca la Pascua. Ciertamente, faltan pocas semanas para que celebremos la pasión y resurrección de Cristo. La victoria de Cristo sobre la muerte y el encuentro con Jesús resucitado llena de gozo a todos los que creemos en Él y queremos seguirlo.

El segundo motivo lo podemos descubrir si leemos y meditamos las lecturas de la Eucaristía de hoy. La primera lectura nos recuerda que Dios ama a su pueblo a pesar de sus infidelidades (2Cr 36,14-23). En la segunda, el apóstol Pablo nos dice que, a pesar de nuestros pecados, Dios nos ha dado de nuevo la vida, nos ha hecho resucitar con Cristo. Finalmente, en el pasaje del Evangelio de hoy, podemos leer que Dios nos ama tanto que ha entregado a su Hijo único para salvarnos (cf. Jn 3,16).

Sin duda tenemos muchos motivos para alegrarnos. Dios nunca se cansa de nosotros, siempre nos está buscando. Dios siempre nos espera con los brazos abiertos. Su amor perdona, transforma nuestros corazones y nos devuelve la esperanza.

Hoy, Domingo Laetare, también es un buen día para recordar que, hace solo unos meses, celebrábamos el décimo aniversario de la exhortación apostólica del papa Francisco Evangelii gaudium. En este documento, el Papa nos pide que seamos apóstoles alegres. La fuente de nuestra felicidad es Jesucristo. Tal como nos dice el Papa, con Jesús a nuestro lado «siempre nace y renace la alegría» (EG 1).

Queridos hermanos y hermanas, la alegría es el ADN de los discípulos de Cristo. Pidamos a Dios que, en este tiempo de Cuaresma, nos ayude a acoger su amor infinito con el corazón alegre. Él siempre nos ayuda a levantarnos y a emprender de nuevo, con ánimo, nuestro camino.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.