Sant’Egidio celebra los 50 años

La comunidad de los más pobres celebra en Barcelona cinco décadas desde sus orígenes caminando por la paz y desde la oración

Toda la basílica de Santa María del Mar quedó llena a rebosar con motivo de la celebración de los 50 años de la Comunidad de San Egidio. Miembros y amigos de la entidad, se reunieron para festejar tantos años sirviendo los sin techo y aquellos más vulnerables.

Antecedentes

En 1968, después del Concilio Vaticano II, Andrea Riccardi fundó en Roma la Comunidad de San Egidio. Una fundación comprometida con la evangelización y la caridad con los más pobres, la cual hoy en día, se encuentra a más sesenta países de los diferentes continentes. En Cataluña, concretamente en Barcelona, ​​comenzó hace 29 años desde la basílica de San Justo y Pastor. Desde entonces, ha ido sembrando en la diócesis las semillas que la fundaron, con la ayuda de los miembros y voluntarios, los cuales han ido en aumento.

Celebración

Las Hermanitas del Cordero, las Calcutas, personas sin techo, voluntarios… Todos se sumaron a la Misa de Acción de Gracias por los 50 años. El arzobispo Card. Juan José Omella fue el encargado de presidir la celebración, junto con el arzobispo emérito, el cardenal Lluis Martínez Sistach. Con los concelebrantes, destacaban el consiliario de la comunidad Mn. Armand Puig y el rector del templo, Mn. Salvador Pié.

Por otra parte, el representante de la comunidad de San Egidio en Barcelona, ​​Jaume Castro sentaba en primera fila, así como, el director de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña, Enric Vendrell y el ex alcalde de Barcelona Xavier Trias.

Las tres claves de la comunidad

Con el calor de todos los presentes, se desarrolló la celebración de la Eucaristía, durante la cual, el cardenal Omella recordó las raíces y los propósitos de esta. Destacó los tres pilares que el mismo papa Francisco mencionó hace unos días de la Comunidad y que la han ido consolidando en los últimos años: la oración, los pobres y la paz. «Estas tres p son fundamentales en vuestra tarea, sobre todo la paz y los pobres», dijo Omella.

Omella subrayó el camino que une todos los miembros de San Egidio: «todos en una misma dirección, con un solo corazón y una sola alma», dijo. «Trabajais por la paz y la reconciliación en el mundo, y tieneis muy claro que todo esto no lo podemos hacer sin la oración», – decía el cardenal a los de la Comunidad. «No podríais ser testimonios de la paz y ayudar a los demás sin la oración». En esta linia, se refirió a los de Sant Egidio como una comunidad que hace suya la oración de San Francisco de Asís: «Haga de mí un instrumento de tu paz». ¡Esta debe ser vuestra oración! – exclamó el cardenal.

«¡Gracias!»

Durante la homilia, tambien, agradeció el testimonio cristiano que dan a la diócesis. «Vosotros no buscáis recompensas, ni medallas!» – les decía Omella-. «Sabéis que lo habéis recibido todo gratis, porque el Señor os ha escrito el nombre en el libro de la vida». «Que Dios os bendiga y sigáis aportando este granito de trigo para transformar un mundo más fraterno, más justo y más en paz». «Mantener esta ayuda cada día para que el mundo pueda cambiar», añadió.

Una misión que continúa 

Al final de la celebración intervino el representante de la entidat, Jaume Castro. Destacó que la Comunidad de San Egidio «no es un gran grupo, sino un pequeño pueblo» unido por la amistad. «Vivimos con el Evangelio en el centro que nos invita a vivir al lado de los pobres y de aquellos que están solos», dijo el representante de la entidad en Barcelona. Más que un pueblo pequeño un «oasis», segun añadió el arzobispo en la bendición final, que «refresca y anima a continuar el camino.

Castro agradeció al fundador haberlos compartido este deseo de comunicar el Evangelio vivido, con la receta de las tres «p» (pobreza, paz, oración) mencionadas por el Papa y recordadas por Omella. Una manera de actuar que revoluciona y activa un mundo mejor. «Es en el corazón donde se encuentra la revolución de cambiar el mundo, -decía Castro- junto a los pobres, apostando por la paz y el diálogo». «Estamos aquí no tanto para festejar un acontecimiento ni hacer balance, sino por este don que se nos ha dado».

Subrayó como la acción de la comunidad no ha terminado sino que continúa. «Sentimos que la misión no ha terminado, vemos muchos necesidades y hay que bordar el tejido humano de las periferias sociales». Es la necesidad de vivir juntos en paz, con una mirada amiga «, añadió

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