Jornada de Vida Consagrada dedicada al Padre Nuestro

La catedral de Barcelona acoge la celebración de los religiosos y religiosas de las congregaciones y órdenes de Barcelona con el Cardenal Omella

La Catedral de Barcelona ha sido, un año más, el escenario principal de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Religiosos y religiosas de la diócesis se han encontrado en la sede de la Iglesia que peregrina a Barcelona. La comunidad cristiana ha participado junto al arzobispo de Barcelona, Card. Juan José Omella; acompañados del nuevo delegado episcopal de Vida Consagrada, el P. Joan Josep Moré. También ha contado con la presencia del presidente de la URC, P. Máximo Muñoz.

“La Iglesia nos recuerda a los consagrados que somos y tenemos que ser todavía más, con nuestra vida y testimonio, una presencia del amor de Dios”. Así lo explicaba el P. Muñoz. Un acto que ya cuenta con una larga tradición. Este, fue inaugurado por Juan Pablo II en 1997. Un acto que sirve para reunirse a pesar de dar gracias a Dios. Además, se celebra el don de esta forma de vida de la Iglesia.

Padre nuestro, su lema

«Padre nuestro, la vida consagrada, testigo del amor de Dios». Este es el lema de este año. Quiere recordar que ahora hace veinte años, en 1999, “san Juan Pablo II propuso a la Iglesia un año, dedicado al Padre, con el objetivo de prepararla por la llegada del nuevo milenio” argumentaba el claretiano presidente de la URC.

«El Padrenuestro es la plegaria de un niño que confía, que pose todo su coro en su Padre». Así, fueron las palabras del Cardenal Omella. El arzobispo de Barcelona aseguró que hay “diferentes carismas de la vida consagrada, pero todos unidos para anunciar el amor de Dios presente en medio del mundo”.

«La vida consagrada es una parábola de esperanza»

La esperanza ha sido un tema recurrente en las palabras del cardenal Omella  asegurando que: “Hemos encontrado la felicidad en la pobreza, en la obediencia, en el sufrimiento o en los fracasos. En todo esto hemos descubierto la alegría”. El P. Muñoz dejó clara su postura ante las cosas importantes de la vida, que se tenían que plasmar en la vida consagrada. “Lo importante no es la actividad que hacemos o la institución que gestionamos; sino sobre todo la palabra, el gesto, la sonrisa, el abrazo, la mirada” aseguró.

«Hemos renovado nuestro compromiso hacia la Iglesia para servir a los hermanos más pobres; pedimos al Señor que nos dé esta fuerza, para poder ser testigos de amor, de comunión y de alegría en medio de nuestro mundo»

– Cardenal Omella

¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...