En memoria de Todos los Santos

El Samhain, una festividad que ha vuelto a sus orígenes en forma de Halloween y Castañada

“Yo soy la resurrección y la vida. Quién cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá nunca más. ¿Esto lo crees?”. Estas son las palabras que el Evangelio propone en conmemoración al Día de los Difuntos de este 2 de noviembre del 2019. La jornada posterior a la de Todos los Santos. Tener la opción de escoger la vida incluso en la muerte es la reflexión que hace el texto el día que tradicionalmente se visitan los seres queridos al cementerio y se hacen las representaciones teatrales. Pero ¿qué celebramos realmente el 1 de noviembre?

Según la costumbre, el primero de noviembre los vivos conmemoran los antepasados y se celebran todos los santos que no se incluyen en el santoral litúrgico. De hecho, el día de Todos los Santos no se celebró en el calendario cristiano hasta el siglo VII, cuando el papa Bonifacio IV decidió que se haría un homenaje en su honor y en recuerdo de todos los mártires y santos cristianos que se veneraban en el Panteón de Roma.

¿El origen? El Samhain

Halloween, La Castañada, Todos los Santos, el Día de los Muertos mejicano y otras fiestas celebradas el 1 de noviembre convergen en un punto: el homenaje a los que ya no están entre nosotros. Las formalidades de la festividad son diferentes, pero la temática original es similar. El día que mundialmente se dedica al recuerdo de los que ya no están en realidad tiene un precedente común: el Samhain. Una festividad céltica pagana que anunciaba el inicio de los tiempos oscuros, después de una época de tiempos claros. En estos días de transición, gravitando entre la frontera que delimita los dos periodos, se abría una nueva dimensión donde la oscuridad hacía desaparecer la frontera entre los vivos y los muertos. En este punto muerto, los espíritus de los muertos volvían a la Tierra, se hacían profecías, hogueras, sacrificios, disfraces y aquelarres.

Durante los 400 años de la dominación romana de las tierras celtas, la tradición se combinó con dos festivales romanos que honoraban, por un lado, los difuntos y por la otra, la diosa de la fruta Pomona. La fiesta católica, pues, nació para rehacer la pagana.

Y Halloween?

El 1 de noviembre se veneran todos los Santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico. De hecho, en los países anglosajones, el 31 de octubre se transformó en el All Hallows’ Eve (inglés antiguo por All Saints Eve) que traducido al catalán significa “vigilia de Todos los Santos”.

La expresión Todos los Santos se abrevió hasta llegar a la palabra Halloween. Posteriormente, cuando los irlandeses se establecieron en los Estados Unidos, en el siglo XIX, siguieron la tradición de Halloween. La fiesta fue adquiriendo una progresiva popularidad a partir del 1921 y vio un proceso de internacionalización a partir de los años 80, gracias al cine y a la televisión. Cómo si se tratara de una marea, la fiesta ha oscilado de un continente al otro y ha vuelto a los orígenes. Pero, a la vuelta, tal como pasa con el juego del teléfono, ha quedado desconfigurada de su raíz a favor de un ritual sensacionalista y comercial en vez de reflexivo hacia el fenómeno de la muerte.

Si deseas tener una experiencia espiritualmente profunda en este día tan especial, ven a celebrar la Misa en la Solemnidad de Todos los Santos en la Catedral. Estará oficiada por el cardenal Joan Josep Omella, arzobispo de Barcelona.

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