El cardenal Omella preside la Vigilia de Corpus: «Donde hay caridad y amor, allí está Dios»

La basílica de la Sagrada Familia acoge la tradicional vigilia concelebrada por los obispos auxiliares de Barcelona, Mons. David Abadías y Mons. Javier Vilanova Pellisa

Fotografías: A. Codinach

La basílica de la Sagrada Familia ha sido el escenario de la tradicional Vigilia de Corpus, presidida por el cardenal Juan José Omella y concelebrada por los obispos auxiliares de Barcelona, Mons. David Abadías y Mons. Javier Vilanova Pellisa. La vigilia, centrada en la presencia del Santísimo expuesto para su adoración, ha combinado momentos de canto y silencio.

En su homilía, el cardenal Omella destacó la importancia de la contemplación como una forma de evangelización y como camino para el encuentro personal con el Señor. «La contemplación cristiana nunca es en un sentido único, no consiste en mirarse el ombligo buscando el propio yo, sino que consiste en dos miradas que se cruzan», explicó el arzobispo de Barcelona.

Omella subrayó la comunión que se vive en la Vigilia de Corpus: «Mostramos esta comunión, esta unión, de todas las capillas y parroquias que hacen adoración nocturna o durante el día, adorando al Señor el día de Corpus todos juntos». El cardenal remarcó la importancia de mantener este signo de comunión diocesana porque «la eucaristía hace comunión. Qué suerte tenemos de poder adorar al Señor. Estar en silencio delante del Señor es un gran regalo que no sabemos valorar suficientemente».

La adoración eucarística, una forma de evangelizar

El cardenal también reflexionó sobre el impacto de la adoración eucarística en la vida cristiana y su capacidad evangelizadora: «La adoración eucarística es también una forma de evangelizar y yo diría que de las más eficaces. Ver a personas en adoración silenciosa delante del Santísimo empuja a muchos a entrar, haciéndoles ver que: “Dios está aquí”».

La contemplación del Santísimo, según el cardenal Omella, transforma a los fieles y los une con la Iglesia celestial: «Cuando estamos delante del sagrario formamos ya un único corazón con la Iglesia de arriba y la de la tierra. Ellos delante de nosotros. Ellos en la visión, nosotros en la fe».

Finalmente, el cardenal insistió en la relación entre la verdadera adoración y la acción caritativa: «Si adoramos de verdad, estaremos enviados a trabajar por los más pobres, a evangelizar y ayudar a los pobres: Cáritas, solidaridad. Si no, no es una verdadera adoración». Omella concluyó recordando que «donde hay caridad y amor, allí está Dios».

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