El volumen ha recuperado una experiencia eclesial y social especialmente significativa a partir de los años sesenta y setenta, cuando diversos sacerdotes han optado por incorporarse al mundo del trabajo y de la vida obrera, compartiendo las condiciones de vida de la clase trabajadora. La presentación se ha convertido en un acto de memoria, de agradecimiento y de reconocimiento a una trayectoria que ha dejado una profunda huella en el cristianismo en Cataluña.
La sesión ha permitido escuchar en primera persona a dos de los testimonios que participan en el cuaderno, el jesuita Ramir Pàmpols y el sacerdote Pepe Rodado, así como también al jesuita Josep M. Rambla y al historiador Josep M. Bigatà. El acto ha contado con la presencia institucional del obispo de Tortosa, Mons. Sergi Gordo, y del director general d’Afers Religiosos, Ramon Bassas.
La presentación, un punto de nostalgia
En la bienvenida, el director José Ignacio García ha definido el encuentro como «un acto con un punto de nostalgia» que, al mismo tiempo, ha ayudado «a mirar hacia adelante». Desde una mirada histórica, Josep M. Bigatà ha destacado la generosidad de los testimonios y ha remarcado que se trata de una experiencia que ha marcado el cristianismo en Cataluña.
A continuación han tomado la palabra los dos testimonios. Ramir Pàmpols ha recordado aquellos años como «una experiencia vital» y «desbordante», que ha tenido un fuerte componente ideológico que no se puede olvidar. Ha reivindicado las intuiciones de los sacerdotes obreros y la importancia de un «estar con» sin límites, que les ha llevado a estar presentes en sindicatos, partidos y organizaciones vecinales, y también a ganarse la vida trabajando «como cualquier ciudadano».
Sacerdotes obreros
Por su parte, Pepe Rodado ha explicado que su camino ha sido inverso al de muchos otros sacerdotes obreros: antes que sacerdote ha sido hijo de clase obrera y trabajador desde los quince años. De esta experiencia ha nacido su conciencia obrera. Más tarde, ha llegado la llamada al sacerdocio, sin desvincularse nunca del mundo del trabajo. «Yo quiero vivir con mi gente, estar en medio de ellos», ha afirmado. También ha defendido que los futuros sacerdotes deberían conocer esta manera de vivir el ministerio.
Sin haber sido cura obrero, pero sintiéndose muy cercano, el jesuita Josep M. Rambla ha hablado desde el agradecimiento y ha definido la experiencia de los curas obreros a partir de dos claves: la misión y la encarnación. Han salido de una Iglesia conservadora, ha dicho, para contribuir a hacer de ella una Iglesia evangelizadora, y se han adentrado en el mundo obrero no solo por solidaridad, sino «haciéndose uno de ellos». Según Rambla, su vida y compromiso han tenido un impacto relevante en la opción preferencial por los pobres dentro de la Iglesia.
El papel de las religiosas de barrio
La fila cero ha ampliado la mirada con las aportaciones de la activista Pilar Massana, la religiosa Anna Saumoy y Èrika Fabregat, miembro de la Germandat Obrera d’Acció Catòlica (GOAC). Massana ha reivindicado especialmente el papel de las religiosas de barrio, ha destacado su cercanía y su capacidad de crear comunidad y convivencia. Saumoy ha recordado la experiencia de la comunidad de religiosas que vivían en L’Hospitalet, con la voluntad de compartir la vida de la gente, trabajando e implicadas en las luchas vecinales.
Fabregat, por su parte, ha agradecido a Cristianisme i Justícia haber dado voz a esta realidad, poniendo en valor el papel de los curas obreros como expresión de una Iglesia «fuera del templo», cercana a las personas.
La importancia de mantener viva la memoria
Ramon Bassas se ha sumado a este tono de agradecimiento y ha remarcado que sin este movimiento el cristianismo en Cataluña «habría sido otra cosa». Como director general de Afers Religiosos, ha insistido y nos ha comprometido en la importancia de recuperar su memoria, también en lo que respecta a las religiosas obreras, y de reconocer el impacto que esta experiencia ha tenido tanto en la vida eclesial como en la vida social del país.
En la clausura, el también responsable de la Comisión Interdiocesana del Apostolado Seglar (CIAS) , Mons. Sergi Gordo, ha apelado a la necesidad de ser conscientes de las propias raíces y ha vinculado este legado con los conflictos del presente. Desde su experiencia personal, como hijo de una familia trabajadora migrante que vivió en Cornellà, ha asumido el compromiso de contribuir a dar a conocer esta historia y mantener viva su memoria.
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