Carta a los sacerdotes sobre el camino sinodal

El cardenal Grech y el arzobispo Lazzaro You Heung Sik escriben a los sacerdotes de todo el mundo

21 Mar, 2022
Església de Barcelona

Con motivo de la fiesta de San José, el cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo de los Obispos, y el arzobispo Lazzaro You Heung sik, Prefecto de la Congregación para el Clero, escriben a los sacerdotes de todo el mundo sobre su contribución como pastores en medio del Pueblo de Dios al proceso sinodal.

Con esta carta, los dos jefes de dicasterio quieren animar a los sacerdotes a aceptar la invitación del papa Francisco a “ponerse en camino juntos, en una escucha recíproca, compartiendo ideas y proyectos, para mostrar el verdadero rostro de la Iglesia: una “casa” hospitalaria, de puertas abiertas, habitada por el Señor y animada por relaciones fraternea”.

Ofrecemos a continuación la versión en castellano de la Carta a los sacerdotes sobre el proceso sinodal:

Vaticano, 19 de marzo de 2022

Queridos sacerdotes:
Aqui estamos dos de vuestros hermanos, también sacerdotes ¿Podemos pediros un poco de vuestro tiempo? Nos gustaria hablaros de un tema que nos concierne a todos.

«La lglesia de Dios es convocada en Sínodo». El Documento Preparatorio del Sinodo 2021-2023 comienza con estas palabras. Durante dos afios se invita a todo el Pueblo de Dios a reflexionar sobre el tema Para una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Se trata de una novedadque puede despertar tanto entusiasmo corno perplejidad.

Y, sin embargo, «en el primer milenio, «caminar juntos», es decir, practicar la sinodalidad, era el modo habitual de proceder de la Iglesia». El concilio Vaticano II puso de relieve esta dimension de la vida de la iglesia, tan importante que san Juan Crisostomo pudo decir: «Iglesia y Sinodo son sinonimos» (Explicatio in Psalmum 149)

Sabemos que el mundo actual necesita urgentemente la fraternidad. Sin darse cuenta, anhela encontrarse con Jesus. Pero, ¿cómo podemos hacer que se produzca este encuentro? Necesitamos escuchar al Espiritu junto con todo el Pueblo de Dios, para renovar nuestra fe y encontrar nuevas formas y lenguajes para compartir el Evangelio con nuestros hermanos y hermanas. El proceso sinodal que nos propone el papa Francisco tiene precisamente este objetivo: ponerse en marcha juntos, en una escucha reciproca, compartiendo ideas y proyectos, para mostrar el verdadero rostro de la Iglesia: una «casa» hospitalaria, de puertas abiertas, habitada por el Señor y animada por relaciones fraternas.

Para no caer en los riesgos señalados por el papa Francisco -es decir, el formalismo, que reduce el Sínodo a un eslogan vacio, el intelectualismo, que hace del Sínodo una reflexion teórica sobre los problemas, y el inmovilismo, que nos aferra a la seguridad de nuestros hábitos paraque nada cambie -es importante abrir el corazon y escuchar lo que el Espiritu sugiere a las Iglesias (cf. Ap 2,7).

Evidentemente, pueden surgir temores ante este camino.

En primer lugar, somos muy conscientes que los sacerdotes de muchas partes del mundo ya soportan una gran carga pastoral. Y ahora pareceria que se añaden «nuevas tareas». Más que invitaros a multiplicar vuestras actividades, nos gustaria animaros a mirar a vuestras comunidades con esa mirada contemplativa de la que nos habla el papa Francisco en la Evangelii gaudium (nº 71) para descubrir los muchos ejemplos de participación y de maneras de compartir que ya están germinando en vuestras comunidades. De hecho, esta fase diocesana del proceso sinodal propone «recoger la riqueza de las experiencias de la sinodalidad vivida» (Doc. prep., 31). Estamos seguros de que hay muchas más de lo que puede parecer a primera vista, quizá incluso informales y espontáneas. Allí donde se escucha profundamente, se aprende unos de otros, se valora los dones de los demás, se ayuda y se toman decisiones juntos, ya hay sinodalidad en acción. Todo esto debe ser resaltado y apreciado para desarrollar cada vez más ese estilo sinodal, que es «el modus vivendi et operandi específico de la Iglesia, Pueblo de Dios» (Doc. Prep., 10).

Pero también puede surgir otro temor: si se pone tanto énfasis en el sacerdocio común de los bautizados y en el sensus fidei del Pueblo de Dios, ¿qué será de nuestro papel como líderes y de nuestra identidad específica como ministros ordenados? Sin duda, se trata de descubrir cada vez más la igualdad fundamental de todos los bautizados y de estimular a todos los fieles a participar activamente en el camino y la misión de la Iglesia. Así tendremos la alegría de encontrar hermanos y hermanas que comparten con nosotros la responsabilidad de la evangelización. Pero en esta experiencia del Pueblo de Dios, puede y debe emerger de una forma nueva, el carisma especial de los ministros ordenados para servir, santificar y animar al Pueblo de Dios.

En este sentido, nos gustaría pediros que hagáis una triple contribución al actual proceso sinodal:

Sin este fundamento en la vida de la Palabra, corremos el riesgo de caminar en la oscuridad y nuestras reflexiones podrían convertirse en ideología. En cambio, poniendo en práctica la Palabra, construiremos la casa sobre la roca (cf. Mt 7,24-27) y podremos experimentar, al igual que los discípulos de Emaús, la luz y la guía sorprendentes del Señor Resucitado.

Queridos hermanos sacerdotes, estamos seguros de que, partiendo de estas prioridades, encontraréis también el modo de dar vida a iniciativas concretas, según las necesidades y las posibilidades, porque la sinodalidad es verdaderamente la llamada de Dios para la Iglesia del tercer milenio. Ponerse en camino en esta dirección no estará exento de interrogantes, dificultades e interrupciones, pero podemos confiar en que nos devolverá el céntuplo en fraternidad y en frutos de vida evangélica. Basta pensar en el primer Sínodo de Jerusalén (cf. Hechos 15). ¡Quién sabe cuánto esfuerzo hubo por detrás! Pero sabemos lo decisivo que fue ese momento para la Iglesia naciente.

Nos gustaría concluir esta carta con dos pasajes del Documento Preparatorio que pueden inspirar y acompañar casi como un vademécum.

«La capacidad de imaginar unfuturo diverso para la Iglesia y para las instituciones a la altura de la misión recibida depende en gran parte de la decisión de comenzar a poner en práctica procesos de escucha, de diálogo y de discernimiento comunitario, en los que todos y cada uno puedan participar y contribuir» (n. 9).

«Recordamos que la finalidad del Sínodo y, por tanto, de esta consulta no es producir documentos, sino «hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos»» (n. 32).

Agradeciendo vuestra atención, os aseguramos nuestras oraciones y os deseamos, a vosotros y a vuestras comunidades, un feliz y fructífero camino sinodal. ¡Sabed que os acompañamos en este viaje! Y acoged, a través nuestro, la gratitud del papa Francisco que os siente muy cerca de él.

Encomendando a cada uno de vosotros a la Santísima Virgen María del Buen Camino, os saludamos cordialmente en el Señor Jesús.

Mario Card. Grech
Secretario General del Sínodo de los Obispos

Lazzaro You Heung Sik
Arzobispo-Obispo emérito de Daejeon
Prefecto de la Congregación para el Clero

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