Carta dominical | «Un regalo para toda la vida»

Ayer celebramos la solemnidad de la Epifanía del Señor. En esta fiesta recordamos que Cristo, luz del mundo, se manifiesta a todos los pueblos de la tierra. El Niño Jesús, frágil y vulnerable, apareció en Belén como una pequeña llama en medio de la oscuridad de la noche. A pesar de su pequeñez, su luz se expandió e hizo que unos magos vinieran desde muy lejos para adorarlo y ofrecerle oro, incienso y mirra.

Actualmente, la Epifanía se ha convertido en uno de los días más esperados y entrañables para niños y mayores. La noche de Reyes la vivimos con una ilusión inmensa y ansiosos de saber si los Reyes Magos se han acordado de nosotros. Recibimos regalos de todo tipo, unos previsibles, otros sorprendentes.

En una ocasión contaba una mujer que le habían regalado un móvil de última generación. Y contaba también que, en la escuela, su hijo de diez años hizo un dibujo familiar que la sorprendió. Se veía a un niño jugando con sus cosas y al lado una mujer que miraba absorta el móvil. Esa era la imagen que tenía de ella su hijo, cuando otros niños habían dibujado a mamás y a papás contentos interaccionando con sus hijos. Sin duda, ese dibujo chocó a la mujer y la preocupó. Esta imagen hoy día no es un caso aislado, el móvil acapara nuestra atención la mayor parte del día, desgraciadamente en detrimento de prestar más atención a las personas que tenemos cerca.

Esta anécdota debería hacernos reflexionar un poco sobre cómo, a menudo, nos aislamos en una cajita plana luminosa y olvidamos el paisaje a nuestro alrededor y, lo más triste, olvidamos a las personas. Ya no nos comunicamos.

Tal como nos pide el papa Francisco tenemos que aprender de nuevo a comunicarnos. Y esto implica también que sepamos renunciar al tiempo que pasamos delante de la pantalla luminosa del teléfono para mirar la luz en los ojos de los demás, en el propio corazón, en la mirada de Dios hacia nosotros (cf. Ángelus. Domingo, 12 de noviembre de 2023).

En estas fiestas que acabamos de celebrar nos hemos sentado a la mesa y compartido muchas comidas. Tengamos presente el ejemplo de Jesús cuando se sentaba a la mesa y compartía la comida con la gente de su tiempo. Eran comidas fraternas, en las que las personas compartían sus vidas, angustias, ilusiones y esperanzas. No dejemos que los móviles sean en el futuro los protagonistas de los desayunos, comidas y cenas en familia.

Queridos hermanos y hermanas, estos días de regalos a mansalva, la tecnología seguro que ha ocupado un lugar importante, porque nos fascina. Aunque si lo meditamos bien, el mejor regalo que podemos hacer es Jesucristo. Él siempre está disponible para nosotros, nos ayuda ante las dificultades, es una fuente inagotable de alegría y energía, y jamás estará fuera de cobertura.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.