Carta dominical | «La Cruz de Cristo, fuente de esperanza»

La Semana Santa se inicia con el Domingo de Ramos. Esta semana no es una sucesión de eventos que se van celebrando como un drama explicado en diferentes capítulos. Es una unidad, un todo, en la que cada celebración nos introduce en la Pascua, el «gran paso» de la muerte a la Resurrección de Cristo, de la frágil vida humana a la vida gloriosa.

Todos tenemos muy presente la gozosa escena de lo que celebramos este domingo: la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un asno y aclamado por la multitud que había venido a celebrar la Pascua. El gentío que le esperaba cogió palmas y lo recibió gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!» (Jn 12,13b).

En esta bella escena encontramos tres elementos relevantes que se han interpretado espiritualmente y que pueden interpelarnos hoy: hay una multitud, que aclama a Jesús por sus milagros y porque cree que es el Rey Mesías que los liberará del yugo romano. Nosotros, hoy, también acogemos a Jesús, porque da sentido a nuestra vida y nos libera de nuestras oscuridades. También aparece un asno, que ayuda a Jesús a llegar a Jerusalén, y que podría representarnos a cada uno de nosotros. Todos podemos llevar a Jesús en nuestro corazón, pero realmente es Él quien nos guía. El tercer elemento es Jesús, que llega a Jerusalén con actitud humilde, dispuesto a dar testimonio de su mensaje de salvación. Su actitud debe ayudarnos a ser también, desde nuestra pequeñez, testimonios y sembradores de su Palabra, de su mensaje lleno de vida y de esperanza.

Estos días tengamos muy presente Tierra Santa, la tierra de Jesús. Entremos espiritualmente en esta tierra marcada por un conflicto desde hace siglos. El mes pasado pudimos conocer más de cerca la situación que actualmente se vive en este territorio, con el testimonio del patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, en la celebración de la octava edición de Sent la creu.

En mi carta del domingo 18 de febrero, os decía que «la Cruz de Cristo puede ayudarnos a encontrar la esperanza en medio de cualquier conflicto». Observamos estos días con tristeza la tierra donde vivió, murió y resucitó Jesucristo. Dios haga que las tres grandes religiones que tienen a Jerusalén como ciudad sagrada puedan convivir en paz. Por favor, no dejemos de rogar a Jesucristo para que la paz llegue a la tierra que él pisó con sus sandalias y donde sufrió la pasión y la cruz por todos nosotros.

Queridos hermanos y hermanas, en la celebración del Domingo de Ramos, os invito a preparar vuestros corazones y vuestras almas para poder vivir la Semana Santa intensamente y con mucha oración.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.