Carta dominical | El tapiz maravilloso

La esperanza es una virtud que debemos pedir a Dios que nos la regale. Pero podemos y debemos también hacer un esfuerzo para que esa virtud arraigue en nuestros corazones. Una pequeña historia ayudará a entender lo que quiero decir con adquirir hábitos de esperanza. «Un buen hombre recibió una carta de un amigo. Le […]

16 Feb, 2017
Església de Barcelona

La esperanza es una virtud que debemos pedir a Dios que nos la regale. Pero podemos y debemos también hacer un esfuerzo para que esa virtud arraigue en nuestros corazones. Una pequeña historia ayudará a entender lo que quiero decir con adquirir hábitos de esperanza.

«Un buen hombre recibió una carta de un amigo. Le comunicaba que le iba a regalar un hermoso tapiz. “Es precioso”, le decía, y hacía los mayores elogios del tapiz, todo él bordado en oro, que iba a recibir. “Representa primorosamente escenas de una cacería. Su valor es incalculable.”

A los pocos días llamaron a la puerta para entregarle el tapiz. Lo desembaló a toda prisa y, al verlo, no pudo menos de sentirse defraudado. Aquello no era sino un montón de hilos mal distribuidos sin formar dibujo inteligible alguno. Aquí y allá veía nudos empalmados de cualquier manera. Por ningún sitio se veían aquellas maravillosas escenas de que le había hablado. Llegó a pensar: ¿No será todo fruto de la imaginación de mi amigo? ¡Tantos elogios para tan poca cosa!

De repente, casi sin advertirlo, dio la vuelta al regalo y respiró aliviado. Lo había estado mirando del revés. Ahora sí podía admirar los riquísimos matices de los colores, las bellas escenas representadas… En fin, le pareció que su amigo se había quedado corto en las alabanzas».

Esto es lo que puede pasarnos a cada uno de nosotros. Depende de por dónde miremos las cosas. Si miramos del revés, es decir, con pesimismo, con tristeza, con prejuicios, con sentido utilitario… todo nos parece desalentador y desesperante. Por el contrario, si lo miramos todo desde la mirada de Dios, desde unos ojos movidos por la compasión, desde el interior de nuestro corazón… todo adquiere resplandor y belleza. Porque lo que hace que una cosa sea bella de verdad es que Dios está dándole el ser.

¿Cómo miras a tu mujer, a tu marido, a tus hijos, a tus suegros y yernos, a tus vecinos? ¿Cómo miras a los políticos, a los gobernantes, a los que tienen autoridad? ¿Cómo miras a los sencillos que encuentras en tu camino, a los inmigrantes, a los que no tiene trabajo, a los enfermos y oprimidos?

Debemos aprender a mirar siempre por el lado positivo. Todos los que nos rodean tienen cosas positivas, pero, muchas veces, nos empeñamos en resaltar los fallos, los aspectos negativos, y nos desanimamos.

La sociedad y las personas tienen sus lagunas y sus grietas, pero tienen también valores incuestionables, posibilidades y tareas pendientes. De nosotros depende que desde sus capacidades y defectos, desde sus fortalezas y debilidades, alumbren una aurora de esperanza para nuestro mundo y siembren la Buena Nueva de Jesús en el corazón de muchas personas. Tu pequeña aportación puede hacer mucho. Un granito no hace granero, pero ayuda al compañero.

+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del arzobispo metropolitano de Barcelona.

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