Carta dominical | «El árbol de los problemas»

Este domingo quisiera compartir con vosotros un cuento muy inspirador a propósito de la actitud con la que podemos afrontar los quebraderos de cabeza que todos tenemos en nuestro día a día. La historia dice así. Aquel día había resultado especialmente desafortunado al carpintero que la buena señora había contratado para que le ayudara a […]

13 Jul, 2017
Església de Barcelona

Este domingo quisiera compartir con vosotros un cuento muy inspirador a propósito de la actitud con la que podemos afrontar los quebraderos de cabeza que todos tenemos en nuestro día a día. La historia dice así.

Aquel día había resultado especialmente desafortunado al carpintero que la buena señora había contratado para que le ayudara a reparar una vieja granja. La cortadora eléctrica se había empeñado en no funcionar y ahora, cuando ya anochecía, el viejo camión no quería arrancar.

-Yo lo llevo en mi coche hasta su casa-, se ofreció amablemente la señora. Casi no se cruzaron una sola palabra a lo largo de todo el camino. El rostro del hombre era una estampa de desánimo y cansancio. Sin embargo, cuando lle­garon, sonrió penosamente e invitó a la señora a que entrara un momento en su casa para que conociera a la familia.

Mientras se dirigían a la puerta, el carpintero se detuvo un rato frente a un pequeño árbol y le estuvo acariciando sus ramas. Cuando entraron, ocurrió en él una transformación sorprendente: su cara se iluminó con una ancha sonrisa, abrazó con júbilo a sus hijos y besó con entusiasmo y cariño a su esposa. Se tomaron un café, conversaron alegremente un rato y luego, al despedirse, acompañó a la señora hasta su coche. Al pasar junto al árbol, la señora sintió curiosidad de averiguar qué es lo que había hecho en el arbolito unos minutos antes y que lo había transformado de ese modo.

-¡Oh, ese es mi árbol de los problemas! -contestó sonriendo el carpintero. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es bien segura: no me los llevo a casa, no quiero atormentar con ellos ni a mi esposa ni a mis hijos. Así que los cuelgo cada noche en el árbol antes de entrar en mi casa. A la mañana siguiente los recojo, pero la verdad es que durante la noche disminuyen y se debilitan mucho.

¡Qué bonito cuento! Os animo a tomar ejemplo de nuestro amigo el carpintero y de cómo supo blindar el hogar de sus angustias cotidianas. En estos días de verano que pasamos más tiempo con nuestras familias, aprendamos a colgar las preocupaciones en nuestro árbol de los problemas.

La oración, el recogernos interiormente en presencia del Señor y dejarnos abrazar por Él, compartiendo con Jesús nuestras alegrías y también nuestras tristezas y angustias, puede ser la mejor manera para que nosotros y nuestras relaciones familiares no se vean dominadas por las circunstancias. Cada atardecer, antes de volver a casa, de encontramos a los que más nos quieren y a quien más queremos, confiémosle a Jesús nuestras preocupaciones y angustias. Él, cómo el árbol del cuento, quiere ayudarnos a sobrellevar las cargas de la vida, sin dejar que ellas atormenten nuestra vida familiar.

Queridos hermanos, disfrutemos de estos días verano en harmonía con nuestros seres más queridos y aprendamos a compartir nuestra felicidad con todos ellos.

Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del arzobispo metropolitano de Barcelona.

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