Carta dominical | «Dios y el mar»

No es casualidad que tantos poetas en el mundo hayan dedicado sus versos al mar. Esta asombrosa e ingente masa de agua despierta pasiones. La inmensidad del mar nos impresiona, nos emociona, nos encanta, nos conmueve, nos hipnotiza, nos abraza, nos relaja, y nos envuelve. La combinación de arena, agua, sol, cielo y nubes es […]

20 Jul, 2020
Església de Barcelona

No es casualidad que tantos poetas en el mundo hayan dedicado sus versos al mar. Esta asombrosa e ingente masa de agua despierta pasiones. La inmensidad del mar nos impresiona, nos emociona, nos encanta, nos conmueve, nos hipnotiza, nos abraza, nos relaja, y nos envuelve. La combinación de arena, agua, sol, cielo y nubes es vida, es alimento, es quietud, es fuerza, es energía. Contemplar el mar es una experiencia preciosa que estimula todos los sentidos. Cuando nos invade el desasosiego, el mar nos da calma y nos relaja. Al contemplarlo, experimentamos un momento trascendental.

Quien descubre el mar por primera vez se siente fascinado, como quien descubre a Dios. Nuestro amor hacia Él es como el mar. Puedes ver donde comienza, pero no donde termina. Parece inacabable. Su inmensidad, su majestuosidad y su belleza nos evocan la naturaleza infinita de Dios. Solo Él pudo crear semejante maravilla. ¡Qué hermoso regalo! El mar nos hace ver que cada gota de agua, aunque sea diminuta, es esencial en los planes de Dios. Como dijo la Madre Teresa de Calcuta: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el océano sería menos si le faltara esa gota».

El mar también nos invita a mirar más lejos, hacia el horizonte; más allá de lo terrenal. ¿Acaso es solo una casualidad que precisamente en el horizonte el océano se junte con el cielo? Cuando sintamos que estamos en un callejón sin salida, pensemos en el mar. Mirémoslo atentamente, puede parecer que no hay nada más allá de esa línea, pero sabemos que Dios también está ahí. Cuando las penas nos ahoguen, Él nunca nos dejará naufragar. Siempre está y estará a nuestro lado.

Quien piensa en el mar siente su relajante murmullo en su interior. Oír el roce del agua sobre la arena nos serena y nos evoca, en cierta manera, la paz que viene de Dios. El corazón del hombre es como el mar, es profundo, sufre tormentas, pero también goza de días de sol y de calma. Su misterio nos atrapa en cientos de preguntas que algún día encontrarán una respuesta. A veces parece un espejo, el espejo del alma, donde nos podemos ver reflejados y encontrarnos a nosotros mismos.

Pidamos a Dios que nos enseñe a navegar por la vida. Que nos enseñe a remar también cuando las aguas estén turbulentas o cuando el viento sople en contra. Pidamos a Dios que nos dé el vigor de las olas del mar. Aunque chocan una y otra vez siempre encuentran fuerzas para volver a empezar. Pidamos a Dios que nos haga ver que lo importante no son los pasos que damos en la arena sino la huella de amor que dejamos en los demás.

Queridos hermanos y hermanas, en pleno verano, contemplemos el mar y adentrémonos en su grandeza. Dios lo creó para que todos lo disfrutásemos. Eso sí, dejemos que Jesús sea el capitán de nuestro barco.

† Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.

Te interesará…

Síguenos

Facebook
Santa Úrsula i les santes verges😇Santa Úrsula i les santes verges Santa Úrsula (‘ossa petita’) i les santes d’avui van arribar a ser suprimides del Santoral, però, degut al seu culte molt tradicional, encara avui les conserva. Possiblement, la tradició vol fer d’elles un homenatge a la virginitat femenina. La tradició del segle V ens informa que el pare de la princesa bretona Úrsula la volia casar amb el príncep pagà d’Armòrica (l’actual Bretanya). Ella, que ja havia consagrat la seva virginitat, s’hi volia negar, però això suposava la guerra. Per guanyar temps va posar unes condicions: un termini de tres anys, que es reunissin deu comparses de mil donzelles cada una (d’aquí les «11.000 verges»?) i que el príncep es bategés. A la tornada d’un complicat viatge a Roma pel Rin, l’Úrsula i les companyes van ser martiritzades a Colònia pels huns d’Àtila. En una inscripció llatina a la catedral de Colònia hi consta: «XI. M. V.», que es pot llegir com «11 màrtirs verges», i no «11 milers de verges». Al MNAC es conserva el quadre d’en Joan Reixach (segle XV): «El retaule de les onze mil verges». «Les verges... segueixen l’Anyell arreu on va» (Ap 14,4).🗣«Quan trona pel mes d’octubre, neu segura», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Santa Teresa de Jesús, verge i doctora de l'Església😇🙏Teresa de Cepeda y Ahumada neix a Àvila el 28 de març de 1515, de família ‘hidalga’. Sa mare, Beatriz, es casà molt jove amb don Alonso, vidu del seu primer matrimoni i amb un avi toledà judaïtzant, Juan Sánchez. Van tenir tres filles i nou fills. Tot i que va entrar de carmelita als 20 anys, no fou fins als 40 que experimentà una profunda conversió després de trobar-se amb una imatge de “Crist molt llagat”. La nit de la seva mort, el 4 d'octubre de 1582, es va aplicar la reforma gregoriana del calendari i es van suprimir 11 dies.🗣«Per Santa Teresa, planta l’ametlla», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Preguem ben units pel papa Lleó XIV🙏. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Mare de Déu del Pilar😇Una tradició molt ar­rela­da a l'Aragó vol fer ar­ribar l'origen del santuari de l'antiga Cesaraugusta (Saragossa) als inicis matei­xos del cristianis­me (Maria s'hauria aparegut a l'apòstol sant Jaume, damunt d'un pilar). Però és a par­tir de l'època moder­na que el Pilar es­devé un gran san­tuari marià de la Península Ibèrica, amb una ir­ra­di­ació vers l'A­mèrica Llatina (ja que els nadius de les actuals Bahames ‘descobreixen’ Colom i els seus el 1492). Maria, símbol de la fortalesa en la fe, la seguretat de l'esperança i la constància en la caritat.«Si bones faves vols sembrar, fes-ho per la Mare de Déu del Pilar», segons una dita popular. ...
View on Facebook (abre en una nueva pestaña)
Vatican Media

Agenda

Evangelio del día

Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

(Lc 13,1-9)