Carta dominical | «Como una brisa»

Nos encontramos en el corazón de la Cuaresma. Durante estas semanas que conducen a la Pascua la Iglesia nos pide que oremos con más intensidad. Para preparar la oración de estos días nos puede ayudar una sencilla anécdota que llegó a mí hace un tiempo.

Un granjero se dio cuenta que había perdido un reloj muy valioso en el establo donde trabajaba. Después de haberlo buscado en vano durante un tiempo, pidió a un grupo de niños que le ayudaran a encontrarlo. A cambio les ofrecería una buena recompensa.

Los niños fueron entrando en el establo uno a uno y buscaron el reloj por todos lados. Pusieron en ello todo su empeño, pero, sin embargo, no consiguieron encontrarlo. Entonces, un niño que transmitía una gran calma se ofreció para encontrar el reloj del granjero. Entró en el establo y, al cabo de unos minutos, salió con el reloj en la mano. El granjero, asombrado, le preguntó cómo lo había encontrado tan rápido. El niño le respondió que lo único que había hecho era sentarse en el suelo, en silencio, hasta oír el tic-tac del reloj y mirar de dónde venía el sonido.

En nuestra sociedad no hay silencio, vivimos rodeados de sonidos y muchos ruidos. A menudo soñamos con parajes tranquilos y relajantes, queremos huir del ruido. Sin embargo, a veces, aunque estemos en silencio, tenemos un ruido interior que nos desasosiega: las preocupaciones diarias, las tareas urgentes o los conflictos personales nos hacen perder la calma. Necesitamos el silencio para reflexionar, conocernos mejor a nosotros mismos y ver nuestros problemas con distancia.

El silencio nos puede ayudar también a encontrarnos con Dios. Nos lo dice Jesús en el texto del Evangelio que leímos al inicio de la Cuaresma: «Tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre» (Mt 6,6). Así pues, busquemos algún momento diario para estar a solas con Dios, para escuchar su voz. Recordemos también el ejemplo del profeta Elías. Él buscaba a Dios con todo su corazón y no lo encontró en grandes manifestaciones, sino en «el susurro de una brisa suave» (1Re 19,12).

En este sentido, el papa Francisco, en el Ángelus del pasado 21 de enero, propuso a toda la Iglesia una preciosa iniciativa para preparar el Jubileo de 2025: el Año de la oración. El Papa nos pide que durante este año descubramos de nuevo el valor de la oración en nuestra vida y en la vida de la Iglesia. En este sentido, os animo a meditar la colección de catequesis del papa Francisco sobre la oración. La podéis encontrar en Internet.

Queridos hermanos y hermanas, encontremos durante estos días momentos de silencio. Preparémonos para escuchar el susurro de Dios. No olvidemos lo que decía san Juan Crisóstomo: «Que mi silencio, Señor, dé lugar a tu Palabra». Que María, maestra de oración, nos enseñe a acoger el mensaje de Jesús y a meditarlo en nuestro corazón.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

Escucha la carta dominical en la voz del cardenal arzobispo de Barcelona.