Voluntariado social y seguimiento de Jesús

"Dejarse corregir por el Evangelio y por el propio Jesús exige también una fuerte dosis de humildad y el abandono de ciertos protagonismos"

Para el cristiano, el voluntariado social es una llamada, una consecuencia de su fe, un mandamiento nuevo como el del amor, una característica intrínseca del seguimiento de Jesús. Resulta imposible ser cristiano, pertenecer a la comunidad que celebra el memorial del amor y de la entrega de Dios por la humanidad, sin darnos gratuitamente al estilo del Dios de Jesucristo y como respuesta agradecida a su iniciativa. El solo hecho de ser discípulo de Cristo ya implica ser-para-los-demás, entendido este más como estilo de vida que como otra más en la lista de obligaciones éticas.

Esta nueva visión de la caridad, inherente al talante evangélico, también ejerce de correctivo de formas incorrectas, aunque estén cargadas de buena fe. También hacer caridad puede ser un mal testimonio cuando determinados estilos de beneficencia cantan a los cuatro vientos que la mano derecha sabe qué hace la mano izquierda, contradiciendo así la voluntad de Jesús, que propone otro tipo de control de calidad.

Dejarse corregir por el Evangelio y por el propio Jesús exige también una fuerte dosis de humildad y el abandono de ciertos protagonismos que pretenden utilizar a los pobres bajo el pretexto de sobresalir o de hacer algo que tranquilice la conciencia; en definitiva, no servir a los pobres; sino servirse de ellos. El Amor lo corrige y obliga a actuar de otra manera, en la línea de darse uno mismo.

 

 

El voluntariado social del cristiano supone una intención evangelizadora. El papa Francisco nos dice que «si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que “no tienen con qué recompensarte” (Lc 14,14). Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos» (EG 48).

 

Sebastià Taltavull Anglada

Obispo auxiliar de Barcelona y

Administrador Apostólico de Mallorca

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