Fotografías: Ramon Ripoll
Como ya es tradición, esta semana, se ha celebrado con motivo de la fiesta de Santa Bakhita el Día Internacional de oración contra el tráfico de seres humanos. Se trata de una iniciativa de los Pontificios Consejos para la pastoral de los Migrantes itinerantes y para la pastoral de Justicia y la Paz, apoyada por el Papa Francisco desde el principios de su pontificado. En Barcelona, este año, el encuentro ha tenido lugar en la parroquia Santa Anna, donde se reunieron los miembros de la Delegación de Pastoral Social para reflexionar en torno a esta problemática que amenaza la sociedad de hoy.
Oración
«Comprometámonos todos a darnos cuenta de la dignidad que tienen estas personas, no hablar mal de ellas, seamos compasivos con todo el dolor que llevan encima…» Con estas palabras, se pronunciaba el responsable de la Pastoral Social, Mn. Josep M. Jubany, dirigiéndose a todos los presentes para la oración, para la cual intervinieron, también, algunos de los presentes. Todos oraron juntos, comprometiéndose a «mirar siempre estas personas con la mirada de empatía y fraternidad, – decía una de las asistentes al acto- de manera que puedan recibirla como un beso de Dios».
En un círculo y con una melodía de fondo, todos los presentes cantaron juntos, para hacer llegar esta oración a aquellos sufren esta injusticia basada en el engaño, el fraude, el abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o, incluso, el secuestro. Una injusticia donde las «las personas pasan a ser una mercancía que se puede comprar y vender», tal como denunciaba en una entrevista, Rosa Mª Cendónla, coordinadora de SICAR Cat, una ONG que ofrece atención integral a las mujeres esclavizadas.
Quién era Bakhita?
Esta fiesta tiene lugar el día de Santa Bakhita, que significa «afortunada», y hace referencia a una mujer africana que a los 9 años fue secuestrada en el bosque. A pesar de ser vendida cinco veces, sufriendo torturas y humillaciones a lo largo de su infancia y adolescencia, siempre destacó por un especial carisma, marcado por la bondad y humildad, que impactó los mismos secuestradores. Finalmente, encontró un patrón que la acogió en su casa como si fuera de la familia y terminó ingresando en el Instituto de las Hermanas de la Caridad de Venecia, conocido como Hermanas de Canossa. En ese momento descubrió que «Dios había estado en su corazón». Pasó de esclava a santa. Hoy en día es todo un símbolo de devoción en África.
El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II, la beatificó y el 8 de febrero se declaró día oficial de culto.