Un año más de la tradicional comida de Navidad con las Misioneras de la Caridad

El Cardenal Omella se une a la celebración destacando la dignidad que Dios ha dado a todas las personas especialmente aquellas humildes y pobres como Jesús

Fotografías: Agustí Codinach

Este 24 de diciembre, el arzobispo de Barcelona Joan Josep Omella se sumó, un año más, con las Misioneras de la Caridad para celebrar Navidad junto. Se trata de la celebración que año tras año, las religiosas de Santa Teresa de Calcuta organizan para celebrar la comida de Navidad con los usuarios que asisten a diario al servicio de comida que se ofrece desde la parroquia de San Agustín.

Celebración

Antes de la comida tuvo lugar la celebración de la Eucaristía en la Parroquia de San Agustín, ubicada en la c/ Hospital. El cardenal Joan Josep Omella presidió la celebración, concelebrada por varios presbíteros, entre ellos Mn. Juan Costa, responsable de la Delegación de Pastoral Social y Caritativa del Arzobispado de Barcelona.

 En el momento de la homilía el arzobispo remarcó mucho que Dios es quien nos ha creado, y lo ha hecho dotando a todos y cada uno de una dignidad que nadie puede quitarla. En este sentido, destacó cómo el hecho de que Dios se haga hombre, en un niño humilde y pobre, da aún más sentido a esa dignidad humana que nadie puede.

 Comida de Navidad

Mientras se acercaba el final de la celebración, a unas calles más abajo, en la Rambla, en el Hotel Oriente, ya se removían las ollas en la cocina y se ponía mesa para recibir a los comensales de las Misioneras de la Caridad. Éstas, anfitrionas de la comida, llegaron después de la misa para echar una mano a todo el voluntariado que un año más hizo posible esta comida de Navidad para los sin techo.

 El cardenal Joan Josep Omella bendijo la mesa y deseó una feliz Navidad a todos los asistentes. Este año, además, uno de los comensales interpretó un concierto al sonido de la trompeta que magnificó el ambiente de celebración y gozo en esta tradicional comida de Navidad.

Tras el almuerzo, no podían faltar los villancicos. Voluntarios e invitados han entonado, al ritmo de tambores, panderetas y guitarras, las canciones que recogen ese mensaje de paz y amor.

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