En el marco formativo de la Iglesia Archidiocesana de Barcelona, el Dr. Francesc Torralba ha compartido con los equipos de agentes pastorales y sacerdotes del Secretariado diocesano de Pastoral de la Salud, así como también de Tanatorios, su propia vivencia del duelo por la muerte de su hijo Oriol. A raíz de esta experiencia, ha escrito el libro No hi ha paraules. Assumir la mort d’un fill, una obra en la que describe de manera sincera y cercana lo que ha vivido desde el accidente, tanto exterior como interiormente, y también desde una perspectiva filosófica.
El Seminario Conciliar de Barcelona ha sido el escenario de este encuentro, que se planteaba desde un enfoque de cómo afrontar el duelo con esperanza.
No hay palabras
En primer lugar, habló de la prudencia necesaria al acompañar en el duelo, la dificultad de articular un consuelo cuando no se ha vivido la experiencia y la premisa de que cada duelo es personal e intransferible. Continuó explicando el impacto que supone tener que asumir una muerte súbita que irrumpe inesperadamente en la familia. Según Torralba, “el duelo es un movimiento sísmico de la persona, una revolución de todas sus dimensiones”. En este sentido, añade que es importante trabajar para que la ausencia no eclipse a las personas presentes (del entorno familiar).
La muerte de un ser querido tiene un impacto corporal, pero también psicológico, emocional y social. Tampoco podemos olvidar su resonancia espiritual.
La fe que nos sostiene
En este sentido, habló de la palabra de Dios que nos ilumina en situaciones de dificultad, de la necesidad de una mirada evangélica fundamentada en la confianza del reencuentro y la esperanza (en la promesa de un cielo nuevo). Mencionó la ayuda de la oración, la importancia de considerar todo lo que engloba la categoría de ‘Misterio’, y ante la adversidad, preguntarse: “¿Qué quiere Dios de mí ahora?”. También señaló que hay personas que lo viven a la inversa, con una indignación que los conduce al ateísmo.
Puntualizaciones
A lo largo de la charla, Francesc Torralba concretó algunos aspectos a tener en cuenta en el acompañamiento en el duelo. Cuando no hay palabras… hay otros lenguajes a veces más expresivos debido a la circunstancia (lágrimas, abrazos, caricias).
Asimismo, considera que es más adecuado hablar de ausencia que de pérdida, dado que nos referimos a una persona –no a un objeto– y afirma que “la dignidad infinita de la persona es irremplazable, deja un vacío”.
Torralba puntualiza que la última etapa del duelo no es la aceptación, sino la gratitud por el don de la vida (aunque sea frágil y efímera). “El valor de una vida no depende de los años que has vivido sino lo que genera a su alrededor. Si ha hecho el bien, la existencia será fecunda y la vida tiene sentido por sí misma”.
Anna de Quadras
SADiM · Servicio de Acompañamiento en el duelo y la enfermedad