
Nota de la 274º reunión de la Comisión Permanente
La Comisión Permanente ha celebrado su 274º reunión los días 29 y 30 de septiembre en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en Madrid. Los discursos y homilías de León…
La presidenta de Acción Católica General participa en una jornada en el Seminario de Barcelona para trabajar el documento postsinodal

Estoy convencida de que la sinodalidad se está abriendo paso en nuestra Iglesia, pero debemos ser conscientes de que se trata de un proceso que requiere una conversión, tanto personal como pastoral y estructural, para superar no solo las resistencias de algunos, sino también las costumbres e inercias que hemos adquirido. Dejémonos iluminar por el Espíritu para que él nos vaya marcando el camino.
El proceso sinodal ha favorecido que nos escuchemos, que perdamos el miedo a la confrontación y que nos abramos a un diálogo profundo, valorando la aportación del otro desde sus dones y carismas. Caminar juntos nos ayuda, no solo a nivel eclesial, sino que podemos llegar a ser profecía social al aprender que, juntos, aunque en la diferencia, buscamos el bien común y la construcción del Reino de Dios.
Con gran ilusión y esperanza. Viví una experiencia impresionante de Iglesia universal, donde percibí que, siendo de diferentes procedencias, razas e idiomas, con culturas y sensibilidades distintas, con ritos e incluso confesiones diferentes, cada uno desde su carisma y servicio en la Iglesia, nos une a todos un mismo objetivo: querer transmitir el amor y la misericordia de Dios en medio de nuestro mundo y descubrir los caminos necesarios para ser más evangelizadores hoy.
Caminamos juntos, en corresponsabilidad, hombres y mujeres, sin distinciones. Y al mismo tiempo, reconocemos la gran labor que, muchas veces de manera sencilla, realizan las mujeres en nuestra Iglesia e impulsamos su presencia en los lugares de responsabilidad y en los procesos de toma de decisiones, poniendo en valor las capacidades y dones de cada una.
“Caminamos juntos, en corresponsabilidad, hombres y mujeres, sin distinciones. Y al mismo tiempo, reconocemos la gran labor que, muchas veces de manera sencilla, realizan las mujeres en nuestra Iglesia.”
Creo que hay diferentes retos que el Sínodo nos plantea a los laicos. Por un lado, nos impulsa a asumir una corresponsabilidad real y efectiva dentro de nuestras comunidades y parroquias. Y, por otro, nos estimula a vivir nuestra vocación laical siendo testigos del amor y la ternura de Dios en medio del mundo a través de nuestras obras y del anuncio explícito de nuestra fe.
Os animo a adentraros en el documento final del Sínodo. En él se nos plantean muchos desafíos y se nos muestran diferentes caminos que podemos abordar para ir dando pasos hacia una Iglesia sinodal desde la realidad de nuestra propia parroquia y comunidad. No será un camino sencillo, pero sí apasionante, para construir una Iglesia más familiar, más cercana, más acogedora y que siempre tenga presente y cuide de los más vulnerables.
Fuente: Catalunya Cristiana