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La muestra de la artista Jimena Lucas, instalada en la iglesia de Sant Jaume, invita a reflexionar sobre el impacto del exilio y los desplazamientos forzosos en la infancia
Este jueves se ha inaugurado la exposición Infancia en exilio, infancia sagrada, una propuesta artística de Jimena Lucas que pretende sensibilizar a la ciudadanía sobre la realidad de los niños y niñas que se ven obligados a abandonar su hogar a causa de la guerra, la violencia u otras situaciones de vulnerabilidad extrema. La muestra, organizada por el Museo Diocesano de Barcelona, el Arzobispado de Barcelona, la Parroquia de Sant Jaume y Cáritas Diocesana de Barcelona, podrá visitarse gratuitamente en la iglesia de Sant Jaume de Barcelona hasta el 17 de enero de 2027, y reúne 30 esculturas a tamaño real con forma de niños. Las piezas han sido elaboradas con ropa donada por familias que han vivido procesos migratorios o de exilio, convirtiendo cada figura en un símbolo de memoria, ausencia, resistencia y esperanza.
Durante la inauguración, Mn. Robert Baró, director del Museo Diocesano, ha indicado que «Esta exposición nos invita a contemplar, en un lugar sagrado, una realidad profundamente sagrada. De manera especial, los niños nos ofrecen una lección que a menudo los adultos olvidamos. Desde su fragilidad, desde su vulnerabilidad, son capaces de descubrir y transmitir el amor, de mantener viva la esperanza y de recordarnos aquello que es esencial».
Asimismo, la secretaria general de Cáritas Diocesana de Barcelona, Cristina Garcia, ha destacado que la exposición «pone el foco en el colectivo más vulnerable de cualquier proceso migratorio: la infancia» y ha recordado que «cada niño y cada niña tiene una dignidad única que debemos proteger y defender». Garcia ha subrayado también que las esculturas «nos recuerdan que detrás de cada trayecto migratorio hay una historia humana concreta» y ha hecho un llamamiento a «no acostumbrarnos al sufrimiento de los demás». En este sentido, ha hecho suyas las palabras del Papa con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2026, recordando que los niños y niñas son «el grupo más vulnerable dentro de los movimientos migratorios globales» y que, ante su sufrimiento, no podemos limitarnos a mirar las cifras o las estadísticas, porque «quien acoge a uno de estos niños, acoge al mismo Cristo».
Por su parte, Elisabet Ureña, responsable del programa de Movilidad Humana de Cáritas, ha vinculado el mensaje de la exposición con las realidades que la entidad acompaña cada día. «La migración no es solo un desplazamiento físico. A menudo es una experiencia marcada por la separación, la incertidumbre y el dolor», ha afirmado. Ureña ha recordado que, durante el último año, Cáritas ha atendido a cerca de 35.000 personas en situación administrativa irregular. Además, entre el 16 de abril y el 30 de junio, la entidad acompañó a 4.166 personas a través del dispositivo extraordinario de regularización, de las cuales un 22 % eran menores de edad, cerca de un millar de niños y niñas. Estos datos evidencian que «detrás de cada expediente hay una familia» y que la irregularidad administrativa también condiciona el presente y el futuro de muchos niños y niñas que forman parte de nuestra sociedad.
Por último, la artista Jimena Lucas ha definido el proyecto como un homenaje a los niños y niñas que luchan cada día por sobrevivir sin perder la esperanza. La instalación representa el trayecto forzado del exilio: desde el abandono del hogar hasta la búsqueda de un lugar seguro. Las esculturas sin rostro simbolizan una experiencia universal, compartida por miles de niños y niñas en todo el mundo, mientras que las flores de papel reciclado que las acompañan evocan tanto la fragilidad de la vida como la capacidad de resistencia ante la adversidad.
La exposición también pretende convertirse en un espacio de reflexión ante una realidad que a menudo queda diluida entre el exceso de información y la distancia emocional. En este sentido, Lucas reivindica el arte como una herramienta para generar empatía y ayudar a la sociedad a mirar de frente una realidad que afecta a millones de niños y niñas.
La inauguración ha incluido una performance en directo de Jimena Lucas y Raúl Antonio Villalba, con música de Sergio Díaz Suárez y Nilton Eiti Fujimoto, que ha establecido un diálogo entre los cuerpos, el silencio, el espacio sagrado de la iglesia y las esculturas de la instalación.
Fuente: Cáritas Diocesana de Barcelona.