P. Manel Gasch: «San Josemaría y el beato Álvaro, como peregrinos de la Moreneta»

Montserrat celebra una misa con motivo de la inauguración del alto relieve representando a san Josemaría y al beato Álvaro

«Muchos santos han pasado por Montserrat, de san Ignacio a san Juan Pablo II. Y así como tantos de estos hijos e hijas de Dios hay un memorial en el camino de Sant Miquel, era importante poder acoger un relieve para testimoniar el paso de san Josemaría y del beato Álvaro, como peregrinos de la Moreneta y hacer ejemplo de tantos seguidores suyos que a partir de hoy le verán y le visitarán, por aún de otro modo presentarlos como discípulos de Jesucristo que crearan un carisma válido para el crecimiento espiritual del Pueblo de Dios». Son palabras del Abad de Montserrat P. Manel Gasch, en la homilía de la Misa conventual celebrada en la basílica de Montserrat el sábado 24 de febrero, poco antes de la inauguración del alto relieve representando a san Josemaría y al beato Álvaro .
Más de medio millar de personas de toda Cataluña, muchas de ellas fieles de la prelatura del Opus Dei o amigos, llenaron la nave de la basílica. En el presbiterio, cuarenta presbíteros, entre monjes de Montserrat y el vicario y sacerdotes de la Prelatura, concelebraron con el Padre Abad la Eucaristía. El acto fue organizado por la Asociación de Cooperadores del Opus Dei en Catalunya.

Palabras del P. Manel Gasch

La amistad de San Josemaría con la comunidad de Montserrat, explicó el P. Manel Gasch, «se inició en los años de la Guerra Civil, con la comunidad de monjes exiliada en Navarra, y que personalizaron nuestros hermanos el P. Abad Gusi, y muy especialmente el P. Abat Aureli M. Escarré, con quien San Josemaría se relacionó fraternal y amigablemente durante toda su vida. Tenemos la suerte de tener al alcance de todos la correspondencia entre ambos y una narración muy cuidada de esta relación. En Montserrat San Josemaría pudo vivir la devoción a la Virgen María que había marcado ya su vida, desde el ofrecimiento de niño en Torreciudad hasta su muerte y que él quiso dejar en la Obra. A Jesús se va y se vuelve por María”. Y en cuanto al beato Álvaro, la relación con Montserrat fue posterior a la Guerra Civil, porque «durante los primeros años cuarenta, el beato Álvaro también fue acogido en Montserrat. Ocurrió en Montserrat una o dos semanas santas. Además de esa devoción mariana también pudo vivir y compartir nuestra tradición litúrgica, lo que después recordó toda su vida».
Hablando de las lecturas del día, primer sábado de Cuaresma, el Abad de Montserrat hizo hincapié en que, «en este camino de radicalidad nos ayudan los testimonios privilegiados que nosotros veneramos y que la Iglesia proclama a santos. Entre ellos, san Josemaría Escrivá de Balaguer, que con sus obras apostólicas marcó la vida de tanta gente y enriquece la comunión de los santos y el beato Álvaro que le siguió en su misión. La mayoría de vosotros, conoce mucho mejor que yo el carisma de san Josemaría y no he pretendido ser yo que le dijera a vosotros una palabra sobre su enseñanza, pero en las lecturas de hoy, tanto el autor del Deuteronomio como Jesucristo en el Evangelio, invitan a todos a la santidad, a la radicalidad del Evangelio.»
«San Josemaría tomó esta idea y le dedicó la vida: invitar a cristianos a seguir a Jesucristo y su Evangelio. La asamblea de hoy, esta celebración es una muestra de que la huella que él dejó en esta idea de ser discípulo arraigó profundamente en nuestra tierra catalana como lo hizo en todo el mundo. Jesucristo ha venido a nosotros para contarnos humanamente quién es ese Dios bondadoso, ese Dios que perdona, ese Dios humilde que no se impone, que deja a cada uno de nosotros la decisión final, por eso nuestra libertad es tan importante» .
El Abad de Montserrat concluyó la homilía con estas palabras: «espero que hoy damos todavía otro paso en la amistad de nuestras instituciones, especialmente con esta parte de la Obra que peregrina en Cataluña, llamados todos a testimoniar la fe con Dios, el Evangelio de Jesucristo y el amor a Santa María».

Agradecimiento de Mn. Ignasi Pujol

Al acabar la Eucaristía con el canto del Virolai, el vicario del Opus Dei para Cataluña y Andorra, Mn. Ignasi Pujol, agradeció a la comunidad benedictina de Montserrat la acogida «y el cariño que la Obra recibe y siente por parte de la Abadía de Montserrat». Tras recordar las visitas del beato Álvaro y de san Josemaría en los años cuarenta, así como la gran amistad del fundador del Opus Dei con el Abad Aurelio Maria Escarré, evocó un hecho extraordinario en la vida de san Josemaría: «el 1954, en la fiesta de la Virgen de Montserrat, San Josemaría fue curado de la diabetes, después de un ataque fortísimo en el que estuvo a punto de morir. Así pues, desde aquellos convulsos cuarenta en Barcelona hasta ahora, la Obra ha estado siempre al abrigo de su manto azul. La Abadía, durante ochenta y tres años ha hecho como canal de la gracia, mediante el cual ha llegado la maternal ayuda de la Reina del Cielo al Opus Dei.»
Fuente: OPUS DEI
¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...