Ordenación diaconal de seis seminaristas en la Sagrada Familia

Mons. David Abadías confiere la ordenación diaconal a Xavier Campmany, Javier Casals, Santi Claret, Guillem Lisicic, David Lucena y Joan Piñol

Fotografías: G. Simón

Mons. David Abadías, obispo auxiliar de Barcelona, confirió la ordenación diaconal a Xavier Campmany, Javier Casals, Santi Claret, Guillem Lisicic, David Lucena y Joan Piñol. La basílica de la Sagrada Familia acogió una ceremonia a la que asistieron cerca de mil ochocientas personas. Mons. Javier Vilanova Pellisa, obispo auxiliar de Barcelona, concelebró la Eucaristía. También estuvieron en el presbiterio, como concelebrantes, el rector de la basílica de la Sagrada Familia, Mn. Josep Maria Turull, y el rector del Seminario Conciliar de Barcelona, Mn. Salvador Bacardit. Después de unos años de formación en el Seminario Conciliar de Barcelona, los seis nuevos diáconos seguirán preparándose en su camino hacia el sacerdocio.

Durante su homilía, Mons. Abadías destacó que esta ceremonia era «la alegría de la Iglesia diocesana que hoy crece con seis nuevos diáconos al servicio de la Iglesia que peregrina en Barcelona». Seis nuevos diáconos que el mismo obispo auxiliar tuvo como alumnos: «Agradecer la oportunidad también de poder hoy celebrar esta ordenación, con aquellos que un día fuisteis alumnos de las clases de historia medieval que tuve el gozo de poder impartir».

Corazón del Buen Pastor

«Tened el corazón del buen pastor. Diáconos hoy, presbíteros mañana, la Iglesia os pide que tengáis un corazón de pastor, pero no de un pastor cualquiera, pues el mismo Jesús nos pone en guardia sobre diversas tipologías de pastores, sino que hoy la Iglesia os pide que tengáis el corazón del buen pastor. Un corazón que no se mueve por otra razón ni deseo que no sea el bien de las ovejas, su crecimiento, acompañándolas y alimentándolas. Tened el corazón del buen pastor que cuida y que conoce por nombre a las ovejas», destacaba el obispo auxiliar de Barcelona.

Además, advirtió de los peligros de un corazón que no sigue estos ideales: «El corazón del buen pastor, no es el corazón de un asalariado que solo busca en el fondo, su propio beneficio. Un diácono hoy, y presbítero mañana que busque solo su propio beneficio, sería un fraude y una pena». Por ello, Mons. Abadías les exhortó a «convertirse en signo real de la presencia de Dios, que con una donación auténtica y una caridad viva, alimenta y sirve a los hijos e hijas de Dios».

Mirada Interior, caridad y esperanza

El obispo auxiliar explicó que el corazón del buen pastor está ungido por tres realidades: la mirada interior, la caridad y la esperanza. Detalló que la mirada interior implica el espacio de silencio y encuentro con el Padre, exhortando a los diáconos a cuidar la oración, la vida sacramental, el tiempo de retiro, los ejercicios espirituales, la confesión y la dirección espiritual. «Cuidaos interiormente. Solo así alejaréis las tentaciones que pueden, poco a poco, anular el corazón del pastor para sustituirlo por los intereses del asalariado».

Sobre la caridad, señaló que «el diácono es signo preferente y visible de la caridad. Caridad hacia los más pequeños y frágiles, los más necesitados, en todos los sentidos, materiales y espirituales. El servicio, especialmente a los más pobres, que hoy se os confía no son migajas de apariencia y cumplimiento, sino que es un estilo de vida».

Y finalmente, destacó la importancia de la esperanza, configurando a los nuevos diáconos como portadores de luz y esperanza para sus hermanos, llevando paz y esperanza a los corazones de los demás con sus palabras y acciones. «Sois un signo visible de un mundo nuevo, sois signo visible del Reino de Dios. Solo la rama que está unida al tronco puede producir la flor que con su perfume y su belleza alegra la creación. Solo de una rama unida al tronco puede salir el fruto que alimenta y genera vida».

La semilla del diaconado

«Con vuestra ordenación al diaconado se planta la semilla del grano de mostaza, la más pequeña, en esta tierra de vuestro corazón que ha sido trabajada y preparada durante años en el seminario. El diaconado hoy y el sacerdocio mañana no es una búsqueda del éxito, en ningún nivel, sino de fecundidad. No son números, son personas. No son estadísticas, es el proyecto del Reino. Que la esperanza os sostenga en todo vuestro ministerio. Es la mirada propia de los discípulos, es la mirada del creyente».

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