Imágenes: Xavier Benito
La tradicional misa en memoria de las santas Juliana y Semproniana ha vuelto a emocionar un año más en la basílica de Santa María de Mataró, con la interpretación de la Misa de Gloria del sacerdote Manuel Blanch. Juliana y Semproniana se convirtieron en el eje vertebrador de una forma de celebrar de manera colectiva la Fiesta Mayor de la ciudad. La Misa, concelebrada por todas las parroquias de Mataró, ha sido presidida por Mons. David Abadías, obispo auxiliar de Barcelona
Mons. David Abadías expresó su gratitud por la gran cantidad de personas presentes en la Basílica de Santa María desde temprano en la mañana para participar en el oficio mayor de las Santas de Mataró y en la Misa de Gloria de Manel Blanc. El obispo destacó la importancia de mantener y celebrar las tradiciones, las raíces y la historia, ya que esto ayuda a vivir la identidad de la comunidad. Mencionó que no se pueden perder estas tradiciones, ya que forman parte esencial de la identidad del pueblo.
Mons. Abadías resaltó la importancia de la música compuesta por Mn. Manel Blanc en 1848 y cómo esta contribuye a la belleza y la celebración de la fiesta mayor. Felicitó a los presentes por mantener la riqueza y el tesoro de esta música, que ha tenido momentos difíciles pero ha perdurado gracias a la dedicación de muchas personas. También reflexionó sobre la historia cristiana de la ciudad de Mataró, remontándose al siglo IV y las primeras comunidades cristianas que llegaron por vía marítima. Mencionó las dificultades que enfrentaron los primeros cristianos durante las persecuciones, y cómo su fe y amor al servicio de los hermanos han iluminado sus vidas y las de las generaciones posteriores.
Ejemplo de las Santas Juliana y Semproniana
Mons. Abadías habló sobre las figuras de Santa Juliana y Santa Semproniana, quienes, inspiradas por el Evangelio, transformaron sus vidas al servicio de los demás. Señaló que el Evangelio es un camino de felicidad, luz y paz, aunque no exento de dificultades en un mundo que a veces rechaza este mensaje. «Hoy, que continuamos contemplando nuestras raíces, que continuamos contemplando nuestra historia y nuestra tradición con un sano orgullo, el orgullo de ser pueblo, el orgullo de ser comunidad cristiana, el orgullo de vivir nuestra historia y nuestras raíces y de compartirlas con alegría y con acogimiento con todos aquellos que se acercan estos días a vuestro pueblo, a vuestra ciudad». Reconoció la continuidad y la perseverancia de la comunidad en proteger y cuidar sus tradiciones, incluso en momentos de dificultad.
Vida y martirio de las santas Juliana y Semproniana
Según el libreto de Sants i Santes número 176 «Juliana y Semproniana, una llama encendida», editado por CPL y escrito por Josep Lligadas: Santa Juliana y Semproniana fueron dos mártires cristianas nacidas en la actual Mataró a finales del siglo III. Las dos chicas eran discípulas de Sant Cugat. En el año 304 lo acompañaron hasta la actual ciudad de Sant Cugat, donde fue decapitado. La persecución de Diocleciano fue realmente, para las comunidades cristianas de todo el imperio, como un terrible incendio.
Siguiendo el modelo del que explican las actas auténticas otros mártires de la época de Diocleciano, se narra que quien era entonces prefecto romano de esta región, Rufino, después de haber hecho decapitar Cugat, se entera que dos chicas discípulas suyas le habían dado sepultura, cosa que las delataba como cristianas. Las llama ante él, y siguiendo la política habitual en estos casos, primero intenta halagarlas y convencerlas de la inutilidad de su fe, y de lo mucho que ganarían si ofrecieran sacrificios a los dioses. Como que ellas no cedían, las empezó a amenazar y después a torturar, hasta que finalmente ordenó su muerte. Desde aquellos momentos y hasta ahora, las santas mártires Juliana y Semproniana forman parte inseparable de la vida y la historia de Mataró.
Las Santas vuelven a Mataró
En el año 1682 en la sesión del 23 de febrero, el Consejo Municipal acuerda solicitar al monasterio de Sant Cugat del Vallès las reliquias de las dos santas, y reitera la petición un par de meses después, el 29 de abril. Y aquel mismo año, se celebra por primera vez un acto de culto dedicado a ellas de carácter privado: según consta al dietario de la comunidad de presbíteros de la parroquia de Santa María, dos devotos pagan respectivamente porque el 26 de julio al atardecer se celebran Completas de las santas Juliana y Semproniana, y el 27 por la mañana Laudes de Sant Cugat. Y así, en los años siguientes, varios particulares van manteniendo este culto no oficial. Hasta que en 1722 la iniciativa acontece colectiva.
En el año 1772, finalmente, y contando con el apoyo del obispo de Barcelona y el capitán general de Cataluña, los mataronenses consiguen que el monasterio de Sant Cugat les conceda parte de las reliquias de las Santas que fueron trasladadas a Santa María.
La llegada de las reliquias disparará definitivamente el culto de las Santas en Mataró. Con el apoyo del clero, de la corporación municipal y de los vecinos de la ciudad, se iniciará ya inmediatamente la celebración anual oficial de la misa y la procesión, la novena, el rezo solemne de laudes, vísperas y completas, y todo tipo otras actos de culto. Y a partir de estos actos religiosos, irán creciendo también las celebraciones populares de todo tipos, de forma que las fiestas de las Santas no tardarán a sustituir la fiesta mayor que hasta entonces se celebraba el 15 de agosto.
Las Santas, patronas de Mataró
El paso siguiente será la declaración de las Santas como patronas de Mataró. El hecho tendrá lugar en 1852, después de un peculiar referéndum celebrado durante el mes de marzo en cada una de las calles de la ciudad, vecindarios del término y comunidades religiosas, y en el que solo hubo dos votos en contra. Y así, el 16 de diciembre tuvo lugar la proclamación del patronazgo por parte de Roma.