Más de 400 personas asisten a la Jornada festiva por la familia y la vida

El Secretariado diocesano de Pastoral Familiar organiza un encuentro con espectáculo, testigos y talleres de diálogo e introspección con las familias

Este fin de semana la Archidiócesis de Barcelona ha acogido la Jornada Interdiocesana por la familia y la vida. La escuela Marista Inmaculada, en el Paseo de San Juan, fue el punto de encuentro de esta tercera Jornada organizada por el Secretariado Diocesano de Pastoral Familiar con motivo de la celebración del Día de la Vida.

Abuelos, padres, hijos, tíos… muchas familias se sumaron al encuentro. Cada una de ellas con su realidad y sus dificultades, pero todas ellas con un denominador común: el amor entre sus integrantes. También se sumó el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Abadías, y varios movimientos que colaboraron y participaron en la organización y desarrollo del acto. Entre éste estaban los grupos: Encuentro Matrimonial, Equipos de Nuestra Señora, Comunidades de Vida Cristiana, Hogares don Bosco, Schoenstatt, Christifideles laici, Hogar de María, Hakuna, 40 días para la vida, y un grupo de voluntarios de San Miguel.

«Fue un encuentro fuente de alegría. Pudimos agradecer celebrar, orar juntos por la familia y la vida. Tal y como dice el papa Francisco, «no hay familias perfectas, lo importante es ese amor»». Así lo expone Dolors Parellada, responsable del Secretariado de la Pastoral Familiar, satisfecha por el resultado final del encuentro, en el que las protagonistas fueron cada una de las familias, las cuales se pusieron a prueba a sí mismas, a partir de una dinámica inicial en la que se interpelaron entre ellos los integrantes de cada una de las familias.

Talleres y dinámica familiar

Tras la oración inicial en la que se repasó las características del amor y se reprodujo el vídeo del Papa Francisco sobre la familia, se dispusieron diferentes grupos formados por las distintas familias. Cada una de éstas disponía de una caja llamada con un adjetivo que los miembros eligieron según lo que definía su familia. «El propósito de los talleres era fomentar el diálogo entre los miembros de la familia para promover el lenguaje del amor, destacando las cualidades de todos los miembros e intervenciones divertidas para desahogarse dentro de la familia con mímica, juegos diversos y mucho de diálogo», explica Parellada. En este sentido, el también responsable del Secretariado para la Pastoral Familiar, Xavier Padilla asegura que «lo importante era tomar conciencia de que tenemos diferentes lenguajes para expresar el amor, como los gestos, darnos tiempo de calidad, actos de servicio , regalos no materiales».

Espectáculo y testimonio

Detrás de una pausa con chocolate y churros, prosiguió la jornada con un espectáculo de malabares. El encargado fue Pau Ponce, un hombre formado desde pequeño a un circo, que ofreció una función acompañado de su familia. A la dosis de entretenimiento y humor se sumó una más profunda con su testimonio de fe. El malabarista expuso cómo, tras una vida movida por la ambición por triunfar y motivaciones superfluas, se sintió vacío y fue entonces cuando se encontró con la fe a partir de la oración. La «coherencia y sentido a la vida» que le pidió Pablo Ponce a Dios rogándole, lo encontró en su mujer y sus hijos, con los que vive el día a día su vocación con mucho cariño y engendrante la fe.

Celebración con el obispo David

La Jornada cerró con la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo Mons. David Abadías que, en la homilía, se dirigió a los más pequeños, sentados en primera fila, a los que les contó de manera pedagógica la historia de Santo Tomás.

Para explicar sentimiento del discípulo para ver a Jesús resucitado, el obispo con un tono pedagógico y con un Chupa Chups en la mano invitó a los niños a decir que era. Niñas y niñas, empezaron a intervenir y después de nombrar diversas características y el obispo les resolvió que, al final, tras toda la propaganda, lo que uno quiere es tener el Chupa Chups para poder probarlo. Al igual que Tomás, que lo que realmente quería era estar con Jesús.

El obispo les invitó a los más pequeños a encontrar a Jesús desde la oración y con la ayuda de los padres que nos ayudan a «orar ya conocerlo». «Tomás quiere conocer y eso es lo que nosotros debemos hacer, conocerle, explicarle lo que nos preocupa y abrirle nuestro corazón y crecer así con nuestra amistad», les dijo.

Cada uno de los niños y niñas se llevaron a casa a un Chupa Chups, que el propio obispo les dio al final de la celebración. Las familias también se llevaron su caja, con algunas que otras preguntas más para trabajar sobre ese «amor vivo» entre los miembros de la familia.

Video resumen

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