Rome Reports: El padre Luke Gregory ayuda a cientos de refugiados que llegan a la isla de Rodas, en Grecia
Església de Barcelona
Cerremos los ojos por un momento. ¿Cómo sería vivir en una ciudad en la que uno de cada tres habitantes son emigrantes irregulares? Una verdad que no se aleja de la propia realidad, pues es el caso de Rodas, Grecia. Allí, el fraile Luke Gregory dedica sus energías a atender a los refugiados que llegan a la costa.
Así, es importante remarcar que, en 2015, la población pasó de 30.000 personas a 45.000, de los que 15.000 eran refugiados. La situación es insuficiente. De este modo, los atienden seis policías y dos frailes que deben cuidar también de cinco iglesias.
Vidas que quedan en el mar
Luke Gregory, fraile franciscano, explica la peligrosidad del viaje que sufren. Se trata de un trayecto que hacen desde Turquía y es arriesgado “porque el mar es agitado y profundo”. Además, subraya el hecho de la ilegalidad de los traficantes ya que, “en vez de llevar a 17 personas en cada lancha, meten a 30”. También, les hacen pagar un alto precio para contar con los servicios, de “mil dólares por persona”. Sin embargo, ir en lancha no asegura seguir en vida, pues “la lancha navega a ras del mar y, en cualquier movimiento, entra el agua. Se asustan mucho porque no saben nadar y se caen. Muchos mueren en el mar, nunca sabremos cuántos”.
La mayoría de refugiados que llegan a esta isla proceden de Siria, pero también vienen de Irak, Irán, palestinos de Gaza y kurdos. Gregory dice que casi todos son musulmanes. Aun así, afirma que les ayudan sin preguntarles su religión. “San Francisco decía que debemos ayudar a los más necesitados. Así que nunca pregunto a las personas cuál es su religión o de dónde vienen –explica- a no ser que me lo pregunten a mí”. Así, el fraile les pregunta qué necesitan, cómo los puede ayudar, que es “lo importante”.
Ser miembros activos de la sociedad
Para poner remedio la situación de estos 64.000 refugiados en Grecia, se ha abierto un colegio en el que las profesoras son madres de los alumnos. Además, cada mes, cuando viaja a Jerusalén como miembro de la Orden del Santo Sepulcro de Tierra Santa, regresa a Rodas con libros y material escolar para los niños. Gregory declara que, lo primero, son “las necesidades básicas”. En estas, se engloba la comida, la atención médica o la educación.
Se destaca que el colegio, no solamente les educa, sino que también les ayuda a superar el trauma que han atravesado. De esta forma, tanto padres como hijos se convierten en miembros activos de la sociedad y contribuyen a mejorarla.
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