La Hospitalidad, camino a Santiago de Compostela

Un equipo de voluntarios de la Hospitalidad de la Virgen de Lourdes acompaña una veintena de personas con movilidad reducida con el propósito de obtener la "Compostelana"

Durante estas vacaciones la Hospitalidad de Lourdes ha continuado con las peregrinaciones, pero esta vez dirección Santiago. El pasado martes 14 de agosto, una veintena de personas discapacitadas o con movilidad reducida, la mayoría en silla de ruedas, consiguió la «Compostelana», por haber realizado con éxito la parte final del Camino. Este gran logro ha sido posible gracias a 80 voluntarios de la Hospitalidad de la Virgen de Lourdes, de Barcelona, ​​Sant Feliu de Llobregat y Terrassa que los acompañaron. Todos juntos, llenos de solidaridad y esfuerzo frente a las dificultades de movilidad de unos,  lograron superar el reto de realizar todos juntos las últimas etapas que llevan a la plaza del Obradoiro a los pies del apóstol Santiago.

Caminar en equipo

El hecho de caminar juntos ha dado lugar a nuevos vínculos de amistad entre los participantes, con el acompañamiento diario que ha llevado a crecer en la fraternidad entre los pequeños equipos que se formaron. Estos grupos de peregrinación iban organizados en cuatro personas, entre ellos un miembro con movilidad reducida y tres acompañantes hospitalarios.

«Han sido unas vacaciones diferentes», explica Quim Benet uno de los hospitalarios participantes en esta aventura y Vocal de Pastoral Hospitalaria. «Nos hemos sentido acogidos por el paisaje, hemos compartido conversaciones y vivencias, hemos expresado nuestras alegrías y, también, nuestros miedos, y hemos descubierto que juntos es más fácil superarlas». «Y entre risas y sonrisas, hemos ido encendiendo una llama de amistad que nos ha guiado todo el Camino», añade.

Emoción de la llegada

El pasado 15 de agosto toda la comitiva llegó a punto para participar en la Misa del Peregrino. Una celebración en la que María les esperaba con los brazos abiertos en la Catedral de Santiago de Compostela. La Virgen, es muy apreciada por la Hospitalidad y la imagen «estándar de la asociación», por lo que poder celebrar la misa del peregrino ese día de la Asunción de la Virgen, fue un gran gozo.

La emoción se exaltó entre los peregrinos, por todo el esfuerzo que había supuesto llegar hasta allí, a los pies de la Madre de Dios. Realizar el Camino llevando una silla de ruedas no había sido fácil, sobre todo, para las personas con movilidad reducida que, a pesar de ir acompañadas habían demostrado una gran valía emprendiendo esta ruta.

Superarse uno mismo 

Las personas con discapacidad expresaban con alegría y grandes sonrisas su enorme satisfacción. Entre ellos, Jaume, un chico con parálisis cerebral y siempre sonriente. Tal como recuerda el hospitalario Quim Benet, este chico «llevó al equipo de cabeza a lo largo del trayecto, porque iba por donde quería con su silla de ruedas, y se comunicaba mediante un panel con el abecedario y un indicador ligado al cabeza con el que señalaba las letras». «Cuando llegamos al Monte del Gozo – explica el hospitalario- nos transmitió que para él era y había sido un verdadero sueño lo que estaba a punto de realizar».

A través de ese panel, señalando las letras una por una,  Jaume dijo con orgullo, que seguramente era la única persona que había hecho el Camino con la barbilla porque, como no movía los brazos, había hecho las etapas moviendo la silla con un mando colocado en su barbilla, que él movía con una admirable precisión. Al llegar a la plaza del Obradoiro se puso a llorar de la emoción. «Aquellos sentimientos llegaron al corazón de todos los hospitalarios», expone el Quim.

«Buen camino»

A través de esta experiencia del Camino, la Hospitalidad de Lourdes, constató que el secreto de Caminar en equipo es compartir y crecer día a día como seres humanos. «De esta manera, las personas podemos conseguir todas las metas que nos queramos proponer», explica el Quim. La Hospitalidad desea un «Buen Camino» a todas aquellas personas que buscan su crecimiento interior hacia aquel que es el Amor, nuestro Padre del Cielo.

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