El episodio de Benet Sala

Relato de la tragedia que vivió el cardenal de origen catalán que fue víctima del rey Felipe V de Borbón

Posiblemente, algún barcelonés, visitando la capilla del Santísimo de San Pablo Extramuros de Roma, se encuentre junto a la balaustrada de comulgar en el suelo, una lápida donde indica que allí está sepultado un cardenal obispo de Barcelona, ​​Benet de Sala. Dice también que tenía 70 años y que murió en Roma el 4 de julio de 1715. Fue una víctima del rey de España Felipe V. 

Benet de Sala i de Caramany ingresó interno en Montserrat a los doce años, primero en la escolanía, después monje y los diecinueve años fue a la Universidad de Salamanca para estudiar teología, después de haberse doctorado en filosofía en la de Barcelona. Doctorado en Salamanca continuó como profesor de teología y a los 30 años (1676) el rey Carlos II le dio el título de catedrático. Como catedrático y monje benedictino hizo estancia en Salamanca hasta 1681. Volvió a Montserrat el mismo año y fue nombrado abate el 3 de agosto; después los años 1684-1693 se convirtió sucesivamente abad de Sant Pau del Camp de Barcelona, ​​abad de Santa María de Gerri y abate electo de Ripoll.

El mismo rey Carlos II lo propuso como obispo de Barcelona el 8 de julio de 1698 y en 1699 tomó posesión de dicho obispado. En un principio, todos los obispos juraron fidelidad al nuevo proclamado rey de la corona hispánica el duque de Anjou con el nombre de Felipe V, pero muy pronto estalló la guerra de sucesión y una parte de los obispos, entre ellos el de Barcelona Benet de Sala , cambiaron la fidelidad al nuevo pretendiente archiduque Carlos. Por eso Felipe V consideraba que Benet de Sala era un «perjuro» y le manifestó un odio extremo: primero lo encarceló en Francia y después se le concedió entrar en Aviñón, que era tierra del Estado Pontificio, por tanto era libre pero no podía salir de esta ciudad, pues no tenía pasaporte. Todos los cardenales tenían pasaporte y de ahí al ser Sala nombrado cardenal, pudo volver a Barcelona antes del 14 de septiembre de 1714. Sin embargo en marchar de nuevo de Barcelona intentó negociar con el archiduque, ahora emperador Carlos VI pero la mala suerte de la derrota de Barcelona fue inevitable.

El cardenal Sala pasó el final de su tragedia exiliado de su amada diócesis remanente en Roma hasta su muerte. Para privilegios extraños pero aceptados por todos el rey tenía el derecho de entregar el cura cardenalicio, por eso Benet de Sala era cardenal pero no reconocido como tal por el rey de España que lo consideraba como un simple obispo. Por eso en las exequias de Benet de Sala, en la iglesia de los Doce apóstoles de Roma, en un principio se inició el pontifical como episcopus defunctus pero a continuación el Papa mandó que se cambiara el rito por un cardenal difunto. En la catedral de Barcelona sólo se hizo un funeral de obispo y no de cardenal ya que siempre se opuso Felipe V.

Hay quien le gustaría que en Barcelona volvieran sus restos y que se celebraran unos funerales como se merecía un personaje tan eminente, enamorado de Cataluña y profundamente religioso. Así lo ha estudiado otro cardenal, monje de Montserrat, el extraordinario bibliotecario vaticano J. Albareda.

 

Mn. Martí Bonet

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