¡Dios, que es Amor, es la solución!

Artículo de opinión del obispo Sebastià Taltavull del domingo 8 de junio publicado en Catalunya Cristiana

 Toda la historia humana ha vivido y todavía vive la experiencia de una búsqueda de sentido para la vida. Siempre y de mil maneras, el hombre y la mujer de todos los tiempos se han hecho preguntas radicales, entre las que se encuentra esta: «¿Quién es Dios?» Es la pregunta religiosa por excelencia que todos nos hacemos. Las respuestas que se han ido dando a lo largo de la historia presentan la mayor diversidad. Hoy, como cristianos, sentimos la necesidad de compartir esta búsqueda y ofrecer la respuesta de fe que nos identifica.
Leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles que Pablo, cuando está en Atenas, se encuentra con un monumento con esta inscripción «Al Dios desconocido» y, de forma genial, comunica a la gente «quién» es este que no conocen. La reacción es que unos se echan a reír, otros dicen «ya te oiremos otra vez», y otros llegan a la fe. Como él, nosotros hemos conocido cómo Jesús ha explicado quién es Dios, cuál es su rostro de Padre misericordioso y ha prometido al Espíritu Santo que será quien enardecerá los corazones a creer y a dar testimonio.
Esta revelación progresiva de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es la respuesta a la pregunta inicial sobre «quién es Dios», y es Jesús quien nos lo muestra totalmente y quiere que entremos plenamente en su vida. Es por eso, porque creemos que Jesús ha resuscitado, que debemos poder decir que Dios es la «solución» a todos los enigmas y dramas humanos, porque nos invita a participar de la propia vida de Dios, que es Amor. Creer, pues, en la Trinidad es creer en el amor, en su origen en Dios y en las profundas razones para amar, porque «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él» (1Jn 4,16).

Dios solo puede amar y nos llama a proclamarlo con nuestra vida. Así, podemos ser signos visibles de este amor y, como Iglesia, icono de la Trinidad, fundado en el amor que se comunica. A Dios, por Jesucristo y el Espíritu, podemos escucharlo y con él podemos hablar. Por eso, la oración nos une tanto, que podemos vivir la fuerza de este nueva presencia que otorga un nuevo horizonte y sentido a la vida.

Sebastià Taltavull Anglada
Obispo auxiliar de Barcelona y
Administrador Apostólico de Mallorca

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