Cardenal Omella: «Dios nos regaló el sacerdocio no por nuestros méritos, sino por su gracia»

El arzobispo de Barcelona preside la Misa Crismal, consagrando el Santo Crisma y bendiciendo los Santos Óleos con el clero de la Archidiócesis, el cual renueva las promesas sacerdotales, reafirmando que «el ministerio que hemos recibido se realiza en comunión»

El blanco ha vuelto a decorar la Catedral de Barcelona con la tradicional Misa Crismal. Las tres ánforas han sido protagonistas, primero en el coro y luego en el altar con los santos óleos: el de los enfermos, el de los catecúmenos y el santo Crisma; en una misa presidida por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, junto a los dos obispos auxiliares, Mons. David Abadías y Mons. Javier Vilanova Pellisa.

Se trata de una celebración marcada especialmente en el calendario de los presbíteros, ya que, según define el Ceremonial de los Obispos, es aquella que celebra el obispo con su presbiterio, en la que se consagra el Santo Crisma y se bendicen los Santos Óleos. Supone «una manifestación de comunión de los presbíteros con el obispo».

Los Santos Óleos y sus usos

El Santo Crisma, que proviene del latín, chrisma, y significa unción simbolizando al Espíritu Santo, se utiliza para ungir a los bautizados y sellar a los confirmados. Así como para ungir a los presbíteros y obispos en su ordenación. También se unge en las iglesias y altares en su dedicación. El óleo de los catecúmenos, para prepararlos para recibir el bautismo. Y por último, el óleo de los enfermos, que se impone a aquellos que padecen una enfermedad recibiendo así un «alivio en su debilidad» como dice el Ceremonial de los Obispos.

«Es un día en el que nos reunimos como comunidad cristiana, y de manera especial el presbiterio diocesano con su obispo, para celebrar la Eucaristía y nos reunimos para bendecir y consagrar los óleos y renovar las promesas sacerdotales». Así ha comenzado su homilía el cardenal Omella.

Mención especial a los sacerdotes que celebran 25 y 50 años de sacerdocio

También ha querido felicitar a aquellos que celebran bodas de plata y oro en su ministerio y que en el almuerzo posterior a la misa han recibido un obsequio. «Muchos de nosotros llevamos un buen número de años ejerciendo el ministerio, pero felicitemos, de manera especial, a los que celebráis los 25 y 50 años de sacerdocio. Dios nos regaló el sacerdocio no por nuestros méritos, sino por su gracia, porque Él lo quiso».

El cardenal Omella ha expresado que deben trabajar juntos porque unos sin los otros no son nada. «El ministerio que hemos recibido se realiza en comunión».

El arzobispo de Barcelona ha exhortado a los miembros del clero a continuar su servicio. «Es necesario adentrarse en nuevos caminos, llevar la ilusión del envío, ser misioneros en todo lugar y todo tiempo. No podemos detenernos, no podemos dejar de dar testimonio del amor entrañable y misericordioso de Dios, no podemos dejar de ser diáconos del amor».

Un llamado a la humildad y la oración

En un tono de profunda gratitud y reconocimiento ha dado un mensaje de unión entre el clero y la comunidad. «Gracias por revivir el carisma recibido a través de la oración personal, y a través de la presencia constante y humilde en las parroquias y comunidades en las que ejercéis el ministerio». La jornada también ha estado marcada por un llamado a la humildad y la reconciliación. «Pido al Señor que nos conceda suficiente lucidez y humildad para recibir el sacramento de la reconciliación como instrumento fundamental de nuestra santificación y de la santificación del pueblo cristiano a nosotros confiado», manifestó el cardenal Omella.

Sin olvidar a la comunidad cristiana

Además, ha hecho una mención especial a los fieles y su participación activa en la vida eclesial. ««Gracias, comunidad cristiana que participáis, hoy, en esta celebración. Nuestro ministerio está muy unido a vosotros. Existimos para vosotros, para posibilitar y potenciar vuestra consagración bautismal como pueblo sacerdotal, que ofrece culto a Dios. Ni el obispo ni los presbíteros somos nada sin vosotros. Ejercemos unidos el sacerdocio común para gloria de Dios y salvación de las personas».

Finalmente, las ánforas de los santos óleos se han llevado al claustro. Allí el cardenal ha felicitado la Pascua y todos los presbíteros han hecho cola para recoger los santos óleos y llevarlos a sus parroquias donde se renovarán para este año. Tal como explica el Cerimonial de los Obispos, los presbíteros de la diócesis se reúnen y concelebran, siendo testigos en la confección del santo crisma y colaboradores del arzobispo, a quien ayudan a construir, santificar y guiar al pueblo de Dios. Por ello, en la misa crismal, «se manifiesta claramente la unidad del sacerdocio y del sacrificio de Cristo, que se perpetúa en la Iglesia».

Fotografías: Catedral de Barcelona / Iglesia de Barcelona

¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...