La basílica de Santa María de Mataró celebró este domingo 25 de octubre el 500 aniversario de su dedicación con una eucaristía presidida por el arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella. La celebración reunió a los fieles de la comunidad parroquial para conmemorar este hito histórico. También se recordó la consagración de la iglesia gótica, que tuvo lugar el 28 de octubre de 1526.
Entre los concelebrantes destacaban el rector de la basílica, Mn. Jaime Moya, y el antiguo rector Mn. Josep Colomé. Este último elaboró un trabajo sobre el acto de consagración del templo en el año 1526.
Cinco siglos de historia
Durante la homilía, el cardenal Omella recordó que estos cinco siglos han estado llenos de vivencias compartidas, celebraciones, momentos de alegría y también de dificultad. A lo largo de este tiempo, «generaciones de mataronenses han encontrado en Santa María un espacio de oración y consuelo». «Santa María ha sido más que un monumento. Ha sido casa de oración y un lugar donde muchos han descubierto que la vida humana está llamada a encontrar su plenitud», destacó.
El arzobispo también puso de relieve la estrecha vinculación entre la historia de Santa María y la de Mataró. Tal como señaló el cardenal, «a lo largo de los siglos, mientras la ciudad se ha ido transformando, la basílica ha continuado siendo un referente espiritual y una parte esencial de su memoria colectiva». En este sentido, recordó que celebrar este aniversario significa también reconocer las convicciones y los valores que han contribuido a dar sentido a la historia de la ciudad.
Herencia de fe
Con la mirada puesta en el futuro, el cardenal invitó a los fieles a reflexionar sobre la responsabilidad de transmitir a las nuevas generaciones la herencia recibida. «Hemos heredado un templo de belleza histórica y artística, pero la mejor herencia es la fe», recordó. Asimismo, insistió en la necesidad de preservar el patrimonio material, pero, sobre todo, de cuidar de las personas, las «piedras vivas de la Iglesia».
Omella subrayó que una parroquia se mantiene viva cuando «anuncia el Evangelio, acompaña a las familias, atiende a los más necesitados y ayuda a los jóvenes a descubrir a Jesucristo». También recordó el testimonio de tantas personas que, a lo largo de los siglos, han mantenido viva la comunidad cristiana. En este sentido, hizo una mención especial al beato Josep Samsó, antiguo rector de Santa María, asesinado durante la Guerra Civil. Destacó que su testimonio «nos recuerda que la grandeza de la Iglesia depende de la santidad de las personas que dejan vivir a Cristo en sus vidas».
Asimismo, tuvo un recuerdo para todas aquellas personas anónimas que, con su dedicación y compromiso, han hecho posible que la fe continúe transmitiéndose de generación en generación.
Continuar el legado
El cardenal insistió en que este aniversario «no debe ser solo una mirada agradecida al pasado, sino también una llamada a asumir el compromiso de futuro». En este sentido, recordó que «la Iglesia de piedra nos debe ayudar a construir la Iglesia viva y la eucaristía nos debe ayudar a amar más a los hermanos». Con estas palabras, invitó a los fieles a ser testigos de fe, esperanza y amor en medio de la sociedad.
También presentó a la Virgen María como modelo de fe e invitó a los fieles a seguir su ejemplo. Recordó que «toda verdadera devoción mariana conduce a Jesucristo».
Finalmente, Omella animó a la comunidad a mantener vivo el legado recibido. «Ahora nos toca a nosotros seguir escribiendo la historia», expresó. Con estas palabras, manifestó su deseo de que Santa María de Mataró continúe siendo un referente de fe, esperanza y amor para las generaciones futuras.
Al finalizar la eucaristía, los asistentes se reunieron con el cardenal Omella en el patio de la parroquia.