Fotografías: Catedral de Barcelona
Ayer, tras la presentación de la restauración de la iglesia de San Severo, por la tarde tuvo lugar una misa solemne de acción de gracias con el arzobispo de Barcelona, Card. Juan José Omella, y el Cabildo de la Catedral. La celebración contó con la participación de varios presbíteros diocesanos y de fieles de la archidiócesis, muchos de ellos vecinos del barrio que se congregaron para agradecer la restauración de este templo histórico.
Belleza, manifestación divina
Durante la homilía, el arzobispo Omella destacó la belleza como una manifestación de la divinidad, resaltando cómo la restauración de San Severo nos recuerda la importancia de lo bello, tanto en el arte sacro como en la vida espiritual. «Dios es belleza», afirmó, subrayando que esta cualidad se refleja en las obras humanas cuando estas se inspiran en su grandeza.
«Demos gracias a Dios por tanta belleza que hay en el mundo, y porque el hombre, el ser humano, sabe captarla y mostrarla (…) Una belleza física, estética… pero sobre todo demos gracias por la belleza moral, ética, y porque hay tanta gente buena en el mundo, y eso es lo que hace que el mundo sea bello».
Omella enfatizó la verdad, recordando que la Iglesia es el lugar donde se proclama la Palabra de Dios, que es vida y da vida. «La Palabra de Dios es la verdad que consuela y transforma, que levanta a los caídos y fortalece a los débiles», declaró.
Predicar con la humildad de San Severo
Uno de los momentos más emotivos de su discurso fue el llamado a los pastores de la Iglesia a vivir su vocación con humildad, inspirándose en la figura de San Severo. «No siempre todos los pastores alcanzan la santidad, pero San Severo sí lo hizo, y eso nos llama a seguir su ejemplo. «¡La humildad debe ser nuestro camino!», proclamó el arzobispo. Con estas palabras, exhortó a presbíteros, diáconos, religiosos y fieles a vivir su misión evangelizadora con sencillez y autenticidad.
Finalmente, habló de la bondad como una expresión del amor divino, invitando a los fieles a ser testigos de este amor a través de su vida cotidiana. «Dios es amor, y nosotros, como bautizados, estamos llamados a ser profetas, sacerdotes y reyes en su nombre», afirmó.
Con esta misa solemne, San Severo no solo recupera su esplendor arquitectónico, sino también su papel como espacio de oración. Su restauración ha permitido devolver a la ciudad un patrimonio de inmenso valor histórico y espiritual.