Este año son 14 los autocares que hacen vía dirección Lourdes. Un año más, los hospitalarios han marchado medio adormecidos, pero llenos de energía y con ganas de vivir cinco días de intensa dedicación con los enfermos de La Hospitalidad de la Virgen de Lourdes. Un viaje acompañados de la Cruz de Lampedusa, la nueva peregrina de esta 162a edición, que lleva el lema «El Magnificado de la esperanza».
A las 7 h. de la mañana ya estaban todos los peregrinos reunidos en la Estación de Francia, el punto de salida, donde esperaban ya los autocares con los motores encendidos. Mientras los enfermeros repasaban las listas de los enfermos, los profesores ponían orden entre los escolares y los familiares se despedían, la sonrisa de los protagonistas del viaje iba en aumento por esta peregrinación tan deseada durante todo el año y que los llena de esperanza.
La esperanza
El lema este año recoge este deseo de los enfermos con «El magnificado de la Esperanza», que es la premisa puso nombre a la Jornada Mundial del Enfermo, el 11 de febrero, cuando el Santo Padre invitó a hacer el cántico a María. Como explica el consiliario de la Hospitalidad, Mn. Andreu Oller, el lema «es la oración agradecida que celebra la fecundidad de una vida visitada por Dios». «María en el Magnificado – explica Mn. Oller- da gracias por la acción que Dios hace a través de ella y que llega a nosotros como una fuente de agua viva».
Durante la peregrinación de Lourdes el milagro brota de la esperanza que se respirar entre los enfermos, fruto de la dedicación de los hospitalarios. «En Lourdes – explica Mn. Oller- encontramos un lugar de esperanza y de renovación, que a la vez se transforma en un lugar de misión, de servicio y de ser portadores del don de Dios».
Una peregrinación que «engancha»
En este 162è peregrinación se estrena la nueva presidenta hospitalaria, Marta Ventura, aunque nueva en funciones, veterana cuando a la experiencia de la peregrinación que desde que se estrenó con su abuela ha seguido siendo fiel a la Hospitalidad de Lourdes . «Aunque la gente de entrada no se lo imagina, una vez vas después volverás», explica la presidenta. «Lourdes es un lugar que permite desconectar donde te reencuentras con todos los voluntarios, peregrinos y donde haces mucha piña», añade.
También los escolares, algunos que repiten y otros que se estrenan, se añaden a la peregrinación de junio dando un aire fresco y sobre todo motivador a los enfermos. Los alumnos de las escuelas la Salle Bonanova, el Sagrado corazón, los Jesuitas de Caspe, los Salesianos, las Teresianas y San Ignacio fichan cada año para sumarse a esta experiencia que les aporta una lección de vida.
Este año, además entre los peregrinos viaja también la Cruz de Lampedusa, como signo de solidaridad con los refugiados, a quienes los hospitalarios pondran en sus oraciones a la Virgen de Lourdes.