600 fieles se unen en la Vigilia de adoración al Santíssimo en Santa María del Mar

El cardenal Omella invita a caminar todos en comunión para continuar avanzando en la línea que pide el Plan Pastoral "Salgamos'

Fotografías: Ramon Ripoll

Este sábado, 20 de junio, alrededor de 600 personas se unieron para orar y adorar el Santísimo Sacramento en la Basílica de Santa María del Mar. Un encuentro, necesario para los fieles para sentirse comunidad y hacer comunión entre ellos. También, una ocasión para dar gracias a Dios, que durante este tiempo de pandemia se ha hecho presente y ha acompañado a los fieles.

El acto ya tuvo lugar el año pasado con motivo de Corpus Christi, en la Sagrada Familia y este año se ha podido convocar una vez más, «ahora más que nunca», en la basílica de Santa María del Mar. La convocatoria fue a cargo de la Delegación de Anuncio y Iniciación cristiana, junto con el Secretariado de Pastoral con Jóvenes. También apoyaban a la organización los responsables de las capillas de adoración perpetua y nocturna de la diócesis. El arzobispo de la archidiócesis de Barcelona, ​​Card. Juan José Omella presidió la adoración acompañado de los obispos auxiliares Mons. Sergi Gordo y Mons. Antoni Vadell.

El responsable de la Capilla de Adoración de Santa Isabel, Alberto Rosa dio la bienvenida a todos los presentes de manera presencial o telemática, ya que toda la vela se reprodujo en directo desde por internet para quienes deseen vivirlo desde casa. Tal como dijo Rosa, el protagonista era el Señor «presente en el altar, alimento de fe y de nuestra alma». «Hemos venido a adorarlo, hagámoslo teniendo presentes aquellos que sufren las consecuencias de la pandemia», dijo.

Obediencia y compromiso

El Cardenal Omella, en su intervención felicitó a todos los presentes para que a pesar de la imposibilidad de ir al templo durante el confinamiento no han dejado de orar». También para respetar con humildad y obediencia las normativas. «Lo habéis hecho virtualmente o desde casa pero tan cierto como si fuera presencial», les aseguró. En este sentido les recordó que «el sacrificio que más agrada a Dios» no es el de las víctimas, sino un corazón humillado y obediente, dócil al Señor».

«La Palabra es el alimento»

En sus palabras, el arzobispo de Barcelona animó a darse a la oración. «Poco a poco tras la oración encontrará el jugo que refresca y da vida. Los santos han rogado a lo largo de la historia y era su alimento «. «Un cristiano que no lee, no medita, no reza, no contempla la Palabra de Dios … está perdido, le falta el alimento». Aconsejó dejar entrar esta Palabra «para luego contrastarlo con el magisterio de la Iglesia, tal como dijo,» la experiencia de la Iglesia que nos transmite el Santo Padre».

Eucaristía, «fuente de comunión y misión»

Omella se mostró satisfecho de estar todos juntos orando en comunión junto al Santísimo. Porque, tal y como dijo «la Eucaristía es fuente de comunión y misión. No hay comunión verdadera Cristo sin la Eucaristía y no hay verdadera evangelización sin la Eucaristía. Todo arranca ella. Es decir, es la raíz que nutre el árbol que es la iglesia que es tu vida la mía y nos hace dar frutos abundantes en medio del mundo. Da el fruto de la comunión y evangelización«.

Por ello, pidió a todos los presentes que pidieran un «corazón bueno», para caminar juntos en lo que Dios espera y pide. «Caminamos juntos, es la iglesia, la familia, es la asamblea la que es presencia del Señor en medio del mundo. Así tenemos que ser iglesia todos unidos, así tenemos que estar en la iglesia. La Eucaristía es amor».

Espoleó a los fieles a dejarse querer por Él. «Te ama personalmente, aquí en la Eucaristía presente» – decía el cardenal-. «Adóralo de verdad, y verás como tu corazón crece en paz y fuerza interior». Continuó recordando que Cristo que adoramos, lo encontramos después en los otros, «especialmente en los más pobres». «Igual que adoráis Dios, servir a los hermanos». Precisamente, indicó que éste era el requisito para avanzar en la línea del Plan Pastoral. «Dejemos que la presencia del Señor nos ilumine y nos transforme interiormente. No te preocupes si tienes distracciones Dios está aquí, te quiere, incluso, cuando no lo sientes. Él trabaja dentro de ti te está cambiando el corazón «, añadió.

El testimonio en medio del confinamiento

Durante la vigilia se rezó las vísperas, se vivió ratos de silencio y disfrutar de cantos y del testimonio La vela consistió en el nada de vísperas, un rato de silencio con cantos y de varios testigos explicando su experiencia a lo largo de este tiempo de pandemia. Entre los fieles que hablaron, concretamente una feligresa captó el corazón de todos. Se trataba del Alba Fernández, enfermera del Hospital de Bellvitge.

«Cada día me levantaba e iba a trabajar porque Dios venía conmigo y me quería allí en primera línea de batalla». Así explicaba Alba como se convirtió en su día a día. En un principio del confinamiento, confesó que se llegó a plantear el porqué había elegido esta profesión y, poco a poco, descubrió como aquella felicidad que le había hecho decantarse por la enfermería era la misma que la llevaba ahora a servir a los hermanos como Dios quería. «Saber que Él venía conmigo en el hospital, y que los gestos y las palabras de amor hacia los pacientes eran las que Dios quería y me pedía me hacía continuar. «El Señor me ha dado fuerza», aseguró.

Asimismo, aprovechó la ocasión para agradecer a todos los rezos para los profesionales de la sanidad. «En medio de la dura situación, yo me he dejado llevar en las oraciones de los demás. Me ha sostenido la Iglesia. Aprovecho el momento para agradecer lo que ha orado por nosotros. Tan importante han sido nuestras manos como sus oraciones«.

Durante la vigilia, tuvo lugar la bendición y, finalmente, varios adoradores acompañaron al Señor toda la noche.

¿Te ha interesado este contenido? Suscríbete a nuestro boletín electrónico. Cada semana, la actualidad de la Iglesia diocesana en tu correo.

Te interesará ...